GÉNERO: Construcción social histórica y cultural de los seres humanos en función de su sexo desde su nacimiento.El género como construcción cultural, diferenciándolo del sexo como término relacionado con las características fisiológicas diferenciales de hombres y mujeres.
ESTEREOTIPOS DE GÉNERO: Ideas simplificadas, pero fuertemente asumidas, sobre las características de los varones y de las mujeres.
En un libro sobre sexismo y coeducación, resuelven la cuestión de los “estereotipos de género” afirmando que debemos evitar la dicotomía cuerpo – mente. No es útil, sino muy al contrario, negar la corporeidad de cada persona. Como resultado de esta fórmula, lo que distinguiría a los hombres y a las mujeres, es su cuerpo y, cómo resultado, el niño no debe sentir confusión alguna o vergüenza si decide pintarse las uñas o ponerse falda (algo tradicionalmente asociado a la mujer) ni ha de penalizar (excluir, insultar...) a una niña que lleva el pelo corto y es muy fuerte. Tanto para su desarrollo integral como para la relación de los demás, es necesario que se sientan cómodos en su cuerpo y que entiendan que uno no es "menos niño” por jugar a las cocinitas y que una niña no es menos femenina por no llorar y odiar los pintalabios. Esto, como todo, tiene que entenderlo el controvertido niño, y el resto de la gente. Que aún recuerdo el disgusto de mis padres cuando mi hermano se pintó las uñas…En nuestro código genético, en nuestra naturaleza, no hay nada en principio que convierta a las mujeres en compradoras compulsivas de maquillaje ni que obligue a los hombres a no querer (o saber) hablar de sus sentimientos. Y estas características, tan clásicas, tan manidas… aún no están superadas, y persisten tanto en la percepción que tenemos de nosotros mismos cómo en las relaciones con los demás. La desviación del estereotipo es, además, socialmente penalizada (y no me meto ya con no ajustarse al canon de belleza…) por lo que ciertas virtudes, cómo la autonomía o la fuerza, pueden menoscabar la “feminidad” de alguien, o bien, algo tan fácil como llorar en una película, perjudicar la “imagen varonil” de un chico.
Llegados a este punto, no puedo estar más de acuerdo con la teoría expuesta y, por estas y otras razones, con la reivindicación del cuerpo, como parte integrante de nosotros, como cúmulo y receptor de experiencias, no separable de la “cultura” o de la “mente”. No obstante, y como suele sucederme, choco aquí con la evidencia de la transexualidad. De aquellas personas en las que el sexo con el que nacen, no se corresponden con el género que viven, o con el que se identifican a todos los niveles. Pensando en esto, que me parece un auténtico desafío para las teorías de género, dudo si es conveniente defender que el sexo, el cuerpo con el que nacemos, es aquel que define si somos hombres o mujeres. De hecho, siempre he defendido que la esperada correspondencia no debe actuar como una cárcel, y que una mujer puede sentirse y comportarse, ser percibida y relacionarse como mujer, sin necesidad de pasar por las dolorosas transiciones físicas que supone un cambio de sexo (si alguien pretende relajar esta concepción de las operaciones, que mire en que consisten y, lo peor, sus consecuencias. Podéis buscar por “micropene”) Baste recordar, en cuanto a correspondencias, aquello de “si eres una niña, te gustan los niños…”. Supuesta correspondencia que mucha gente, yo incluida, se pasa por el forro.
Defiendo, más por la ingenua teoría que por los casos que he conocido, que es preferible ser “transgenero”. Es decir, ser una mujer, o un hombre, sin necesidad de acomodar los genitales a tal etiqueta. Sin embargo, entenderéis mi confusión si nos planteamos, más allá de estereotipos, qué es “ser una mujer”. O qué es ser un hombre, lo mismo me da. Siendo el género una construcción social que, lógicamente, va cambiando con el tiempo (que ser mujer hace 100 años no era lo mismo que serlo ahora), me resulta difícil definirlo. Y no, no vale diferenciar entre personas que tienen la regla y personas que no, que si nos ponemos así entonces la menopausia nos convierte en seres asexuados.
Porque “ser mujer”, es algo que se aprende, y no solo interviene uno mismo, sino los demás, la pura interacción. No vale con que tu te manifiestes como mujer, sino que los demás han de tratarte cómo tal, reconocerte cómo mujer. Ya sabemos, que la educación y la socialización están unidas fuertemente al género y hay demasiadas cosas que están sexuadas.
Siendo así, podría decir que el cuerpo es el qué define si somos hombres o mujeres, salvo excepciones. Pero… ¿Qué define estas excepciones? Si no son mujeres por el cuerpo en qué nacieron (ni por cuestión de hormonas y procesos físico-químicos) lo son en función de… ¿de qué? ¿Lo son porque cuando eran pequeñas les gustaba jugar a las cocinitas y ahora se vuelven locas por una falda del Zara? Visto lo visto no. No pueden ser estas diferencias los criterios de distinción, puesto que una “mujer” puede no ajustarse en absoluto a los estereotipos generalmente aceptados, entendiendo por supuesto que estos cambian dependiendo de muchos factores cómo la cultura en la que creces (que los roles y las expectativas no son los mismos para una mujer de aquí, que para una esquimal, por poner un ejemplo fácil)
Tampoco podemos afirmar que son mujeres porque son más “sensibles” e “intuitivas” pues son virtudes asociadas a un estereotipo (limitado como digo a una generación, a una cultura, a un tiempo concreto…) y de las que no podemos, ni debemos, privar a los hombres (en el “desarrollo integral” de una persona, se incluye tanto la autonomía cómo la intuición y la sensibilidad, entre otros) Cómo digo, no hay nada, absolutamente nada, que nos haga nacer más capacitadas para cuidar a los niños y a los ancianos, o para llevar con soltura la parte emocional de una relación. Todo esto, es una preparación y un entrenamiento a conciencia, diario y que nunca se acaba. Una disciplina que quizás empezó con “que niña más dulce” y siguió con los regalos de bebes de plástico y cocinitas. Si hubiéramos jugado más al “Lego”, a lo mejor tendríamos, muchas de nosotras, mejor visión espacial. Y si le hubieramos pasado el "Nenuco" al vecinito del quinto, puede que enfermería o pedagogia no fueran "carreras de niñas".
Pero volviendo a mi pregunta, ¿Qué es ser una mujer? A lo mejor, no he tratado a fondo el tema de las hormonas, o bien es algo tan abstracto como un tipo de relación con los demás y con nosotros mismos… No lo se. La idea de excepción, referida a los transexuales, debe tener una base, una explicación de cual es el factor, no siendo el cuerpo, que les define como mujeres o como hombres. Qué es lo que hace que una niña que jugaba al fútbol de pequeña lo cuente, ya de adulta, como una anécdota curiosa, y otra lo presente como evidencia de que no estaba en el cuerpo correcto. Si se sentían mujeres, no habiendo nacido como tales, ¿qué es lo que sentían exactamente?






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