Voy muy justa, si.
Normalmente, un minuto antes ya estoy preparada. Además, bajo al andén prácticamente volando para poder llegar a tiempo. Pero hoy, HOY, el tiempo que siempre me juega malas pasadas, se ha adelantado. Ha sido más rápido que yo y no ha tenido ningún tipo escrúpulo, porque ya se sabe que el tiempo es cómo una princesa malcriada, caprichoso y egoísta.
Lo que quiero decir, es que el metro ha pasado un minuto antes de lo que debía. Tan sólo un minuto... Pero ha sido suficiente.

Preocupada, pero sin perder la esperanza (aún...), me he sentado con mi libro en el regazo para esperar al siguiente, y último, metro de la noche. El paso por mi estación es a la 1:40, lo que significa que me dará tiempo a trasbordar en Gran Vía. Sin embargo, en este día en concreto ha decidido retrasarse, exactamente, 2 minutos.
Cómo consecuencia de estas dos pequeñas e insignificantes migajas de tiempo, he perdido el metro que debo tomar en Gran Vía a las 2:00 en punto de la mañana y me he visto obligada a esperar el siguiente.
En Gran Vía es donde enlazo con la línea 5, que realiza parada en Ciudad Lineal.
En este punto, he pasado de "Adorablemente inquieta" a "Me falta un pelo para ponerme Histérica". Mi autobús sale a las 2:25. y el conductor nunca espera.
A las 2:23 estaba subiendo a toda prisa, cual cenicienta a punto de convertirse en una calabaza, los escalones de acceso a la calle. He levantado la vista para ver el inmenso y poderoso reloj encima de mi. Marcaba las 2:24. En apenas segundos he calculado si en un minuto podría recorrer la distancia que me separaba del autobús (seguro que si) Y casi en el instante siguiente, he mirado al frente y he visto El Vacío. La nada, la más absoluta ausencia de todo lo que importa... es decir, de mi autobús.
Se había ido. Se ha ido un minuto antes.
Estupefacta, y dolida por la traición, he mirado de nuevo al reloj y luego al hueco donde una vez hubo una lata con ruedas y los parroquianos habituales formando una deshecha cola. No lo entiendo, es imposible... me he dicho a mi misma varias veces.
Me he encendido el penúltimo cigarro y he dirigido mis pasos hasta el cajero. Miraba a todas partes temerosa de un atraco, una violación o un atropello... porque con las prisas he cruzado con el semáforo en rojo.
Con el dinero ya en la cartera, me he acercado a la carretera buscando una alternativa. Y cómo en un ritual antiguo, yo he levantado el brazo al ver el taxi y él se ha parado.
Pero se ha parado lejos. "¿No puede venir hasta aquí? Joder!! Entonces iré yo... " Y me he acercado con pasos torpes murmurando todos los insultos que me venían a la cabeza.
Cuando he querido abrir la puerta estaba cerrada, y el taxista me miraba horrorizado tirar del manillar cada vez con más saña. Le miro confusa y me dice que "No" con el dedo. Le pregunto, también con gestos y la cara pegada al cristal de la ventana, si no piensa llevarme (¿pero esto no es un puto taxi???) De nuevo con gestos, me contesta reafirmándose, me dice que ni de coña, que parezco una tarada, así, cargada de bolsas, con los ojos inyectados en sangre, el pelo revuelto y las chanclas piscineras, acosando a un indefenso taxista ( todo esto lo vi clarísimamente en sus ojos)
Con la rapidez mental que me caracteriza, he visualizado varias opciones:
a) Isi, cariño, estás tan cansada que has confundido un coche normal con un taxi...
b) Es un maldito villano que te ha reconocido y no quiere que le asocien con los buenos.
c) Vas a quedarte aquí toooooooda la noche... sola, pasando frío.... Como la cerillera del cuento.
d) ¿Que pasaría si, en este instante, le escupo en su elitista y puñetero cristal?
Me pongo a pensar en cosas que hacer si intuyo una situación de peligro... No se me ocurre ninguna. Entonces se me ocurre sacar el móvil en para decirle al taxista psicópata (de forma indirecta, por supuesto) algo cómo "Mira, soy una chica moderna y con móvil. Con amigos que, además, me están esperando ahora... y si me llevas a un descampado para descuartizarme y meterme luego en la trituradora de carne picada, posiblemente notarán mi ausencia"
Lo del móvil no funciono. Porque a mi estas cosas nunca me funcionan y el móvil, a mala hostia, va y se apaga. Se queda sin batería y yo sin el único medio de pedir auxilio en caso de encontrarme, de repente, en una peli de miedo ( menos mal que aún no me he teñido de rubia...)
Finalmente el taxista, que ha resultado ser un buen hombre que ejercita sus taras mentales y variados traumas en la intimidad (cómo cada hijo de vecino) me ha dejado en casa.
Ahora estoy a salvo, aunque soy un poco más pobre.






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