Son las 2 de la mañana cuando de camino a casa veo en un portal un cartón enorme.
Debajo del cartón y completamente camuflado hay un hombre. Me pregunto si de verdad la caja desmontada sirve de algo por la noche. No hay un sol molesto ni viento al que oponerse. ¿De verdad el cartón abriga?
Sigo caminando. Ya ni siquiera me paro. A la gente así la aparto rápidamente de mi mente y ni siquiera se desde cuando lo hago. Al menos les miro, me digo. Aún no son del todo invisibles.
Diez pasos despues, con su imagen todavía en la cabeza, pienso que debería darle una manta aunque ahora, en mi casa, no tengo ninguna. Dos pasos más y encuentro una maleta.
En una rápida asociación de ideas, pienso "¿Que pasaría si este hombre se despertara mañana con una maleta llena de cosas para él?" Me encantaría ver su cara... ¿pero que tipo de cosas? ¿Qué metería dentro?
Lo primero en lo que pienso es en la manta pero inmediatamente, de la forma más espontanea, pienso en un traje. Claro, me digo sin pensar, para que pueda ir a las entrevistas de trabajo... Es lógico. Cómo todo el mundo sabe, lo único que necesitas para estar bien y tener calidad de vida es entrar en el sistema, y es más, el problema de los indigentes se solucionaría dándoles trajes para ir a las entrevistas de trabajo. ¿Cómo no lo ha pensado nadie antes? Lo de tener cubiertas las necesidades básicas, antes que nada, ha pasado de moda...
Me sorprendo a mi misma. Antes de pensar en la comida o en un jersey he pensado en un traje. ¿qué dice eso de mi?
Lo siguiente que me ha venido a la cabeza ha sido un libro. Eso también dice algo...
Seguro que el hombre sucio y zarrapastroso que duerme en el portal se alegrará mucho cuando rebusque en la maleta y encuentre una novela y una camisa planchada. ¡Justo lo que quería!!
Si, seguro que me adora... De esta como poco me hacen santa.
miércoles, 29 de agosto de 2007
lunes, 13 de agosto de 2007
Mi Primera lavadora Chispas

Mi Casa, ya parece una casa.
No vale con entrar y que tenga paredes. En absoluto es suficiente. Para que sea una casa, tiene también que tener cosas. Hasta ayer mismo el mayor entretenimiento que ofrecía mi dulce hogar era la introspección. No había libros, ni películas, ni televisión... No tenía ni comida y, cómo las ventanas tienen barrotes, yo los golpeaba simiescamente con una taza, a ver si alguien me traía ya el plato de engrudo y el cuscurro de pan...
No sucedió así y, en consecuencia, tuvimos que ir de compras. Aún así, lo que más hay en casa ahora es cerveza, que cómo alimento.... no se, no se....Son los vestigios de la fiesta de cumpleaños. La nevera sigue siendo algo pobre pero, al menos, nuestro congelador cuenta ya con la tradicional bolsa de guisantes.
También he comprado cubiertos y platos. Decidí que había tocado fondo cuando me puse a fregar los platos y vasos de plastico ( de los blancos, de los más hipercutres). Por otra parte, si bien podrías asesinar a alguien con un tenedor o cuchillo de plástico, dudo mucho de sus virtudes para cortar carne.
No hay sillas. Esa es la verdad. Puede que haya gente esperando ansiosa el momento de conocer nuestro palacio y se pregunta el motivo por el que tal evento se retrasa. Y la explicación va más allá del No tenemos comida, pasa por el No tenemos mesa y llega al desafortunado No tenemos sillas. Invitar a mis achacosos amigos (muchas batallas, muchas misiones...) a permanecer de pie durante horas me parece una crueldad y, además, la mejor manera de asegurarme un futuro de ostracismo; sin dinero para salir, sin amigos dispuestos a visitarme. Dramático.
Con todo, dispongo de cama que es, con mucho, lo que más falta me hacía. Ni por asomo imagineis que el día que la trajeron pudimos montarla... vamos, ni de puta coña. Paso 3... coja los tornillos y ajustelós con el destornillador... ¿destornillador? ¿qué destornillador?
Cabrones que son los de Ikea. Se supone que la caja trae todo lo que vas a necesitar, incluidas las herramientas. Por amor de dos, si ni siquiera tengo una cama ¿cómo voy tener un destornillador?!! ¿Creen que lo llevo siempre en el bolso por si las moscas?? Pues no.
Desesperados, emprendimos un viaje bajo el sol buscando una ferretería.
Pero fracasamos en la misión. Fracasamos estrepitosamente. Al fin, incapaces de aceptar la derrota, decidimos buscar ayuda. Fuimos puerta por puerta pidiendo el aguinaldo, intentando encontrar a un vecino que, milagrosamente, no se hubiera ido de vacaciones. "¿Truco o destornillador?" les deciamos joviales intentando no poner cara de psicópatas.
Aparece en el umbral una mujer de unos 45 años, le pido la herramienta en cuestión y duda... "mamaaaaaaaa!!!" grita ella de repente. ¿Pensará que vamos a atacarla?? Minutos despues llegó La Madre ( 105 años o así aparentaba) y nos dió dos destornilladores mordidos y uno sin mango. Ni que decir tiene que no sirvieron para nada. Por cierto, las mujeres de las que hablo, mis adorables vecinas de la 13 Rue, son más jóvenes de lo que aparentan pero tienen ese aspecto añugado por el efecto de la freidora. Si, tener freidora genera radicales libres y te pocha (teoría paracientífica de Carlos y mia) Niños y niñas, esta ha sido la moraleja de hoy, no dejeis entrar una freidora en vuestras vidas.
Ni un milimetro logré que girasen los tornillos, ni un milímetro. Decepcionada y cabizbaja abandoné mi hogar y esperé a los refuerzos. Llegaron al día siguiente con destornilladores nuevos (no mellados) y con mi Oso favorito. Se pusieron en seguida manos a la obra y parecían casi el de Bricomania, analizando expertos las instrucciones que Ikea facilita (quien dice "instrucciones" dice dibujos grandotes cómo para niños de 4 años...) He de decir, que los brazos fuertes de mi osito no ofrecían ningún margen a los reveldes tornillos. No pudieron resistir y en un momento la cama estaba lista. Mi novia, para mejorar aún más la cosa, y mimar mi lado de pija independizada (me gusta pensar que lo soy), me ha regalado unas sábanas del Zara Home, Que felicidad!!
Ni un milimetro logré que girasen los tornillos, ni un milímetro. Decepcionada y cabizbaja abandoné mi hogar y esperé a los refuerzos. Llegaron al día siguiente con destornilladores nuevos (no mellados) y con mi Oso favorito. Se pusieron en seguida manos a la obra y parecían casi el de Bricomania, analizando expertos las instrucciones que Ikea facilita (quien dice "instrucciones" dice dibujos grandotes cómo para niños de 4 años...) He de decir, que los brazos fuertes de mi osito no ofrecían ningún margen a los reveldes tornillos. No pudieron resistir y en un momento la cama estaba lista. Mi novia, para mejorar aún más la cosa, y mimar mi lado de pija independizada (me gusta pensar que lo soy), me ha regalado unas sábanas del Zara Home, Que felicidad!!
Para terminar, quiero dejar constancia de que hoy, esta misma mañana, hemos puesto Tirso y yo nuestra Primera Lavadora Chispas. Nada ha explotado y la tarea ha concluido con un éxito espectacular...Obviando por supuesto los manchurrones que me han quedado en el mantel y las servilletas. La primera vez, me consuelo, siempre adolece de una comprensible falta de técnica.
miércoles, 8 de agosto de 2007
El Caliz de Fuego
Ya tenemos piso. El viaje, la pesadilla, llega hasta aquí. Ahora empieza algo nuevo...Logramos averiguar, por fin, cual era la fórmula mágica para acceder a un hogar: Ser los segundos en verlo. Nosotros siempre hemos sido los terceros, los receptores del “ya está alquilado”. Pero esta vez, sin embargo, logramos verlo. La experiencia acumulada en estos meses había agudizado nuestros sentidos y éramos cómo pequeños Spiderman. Con una breve una mirada (yo con sonrisa de idiota mirando a Tirso con los ojos muy abiertos), decidimos que nos gustaba. Y no les dijimos aquello de “tenemos que pensarlo”...nooooo, inmediatamente bajamos a por la señal. Curiosamente, después de nosotros lo iba a visitar otra pareja pero, como digo, nos adelantamos; fuimos más listos, más rápidos, más ágiles y más malvados. Todo fruto de un duro entrenamiento.
Mi mente, lo noto, está mutando. Poco a poco va aumentando el número de “Neuronas hogareñas”, y las conexiones marujiles crecen y se fortalecen. Donde antes había un blog, ahora sólo hay ideas de decoración, donde estaban los amigos, sólo figura un imperativo “Preguntar recetas”. Mi mente cambia, se llena de propósitos relacionados con la casa y piensa en cazuelas, platos, limpiezas generales y medidas del salón. Es toda una novedad. Estoy muy próxima a integrarme en el grupo de “Marujas” que hay en mi trabajo. Podré hablar de decoración, de facturas, de tendederos... y me gustará!! Ni siquiera me daré cuanta de lo insoportablemente soporifero que es el tema. Consecuentemente, ya nunca volveré a hablar de tomar copas (6 euros), de camisetas nuevas (15 euros), de ir al cine (6 euros)... ni siquiera de tomar café o fumar. Ya no tengo dinero para esas cosas. Pasaré el resto de mis días viendo el programa de Arguillano e invitando a la gente a casa para no salir y evitar los gastos. Esperaré ansiosa el momento de quedarme sola en casa para hacer limpieza general.
Me encanta la idea.
De momento, ya le doy la plasta a todo el mundo hablando de las “cosas del piso”. Una y otra vez. Les tengo hartos a los del trabajo, pobres. Cuando esta noche se acerque un borracho, le sonreiré con carita de inocente y le soltaré un mortal monólogo sobre los muebles del Ikea.
Estuve en la inauguración del Ikea de Vallecas. Había un montón de gente y te perdías con facilidad, parecía el laberinto del Cáliz de Fuego. Madre mía!! Y encima todo aquellos mocosos... digoooo...adorables pequeñuelos gritando y saltando encima de los colchones!!....Ah no, que esos éramos nosotros. Pasamos mucho rato probando colchones y la gente ya nos confundía con accesorios para la casa. No se nada de colchones, ni de somieres, ni de nada que cueste más de 100 euros. Fue una odisea comprar la cama, de verdad, muy difícil. Mañana me la traen. Dormiré esta noche en mi casa, en mi minúsculo sofá y mañana recibiré mi cama de “fácil montaje”. Espero que se me de bien y cuando termine no parezca a un cobertizo para pájaros sino la cama de la foto. Informaré del resultado.
jueves, 2 de agosto de 2007
Podría ser...
Buenas noches, muy buenas noches...
Hoy estoy de buen humor. Que tenga un cigarro a mano y una heineken puede que ayuden pero hay más cosas. Y no, no es porque me haya leido otro libro de Marian Keyes (sip, esos que todo el mundo critica) ni porque hoy, felizmente, he podido llegar a casa sin pasar por las habituales etapas de: borracho - perdida de autobús - taxi que me cuesta un ojo de la cara. Nooooooo...
Lo que pasa es que mañana tengo una cita. Una cita maravillosa por la mañana. He quedado con Tirso a las 11:30 en Atocha y no, esa no es la parte emocionante. En realidad, aunque adoro a Tirso, siempre me cae algún comentario que hiere mi sensibilidad ("pues eres una narcisista...", "pues esos informes que haces, y que tanto te cuestan, son sólo copiar y pegar...", "pues tienes granos... "Un primor de chico). Y que conste que luego, muy a mi pesar, me hace pensar y a veces, muchas, le doy la razón (pero en el fondo, muy en el fondo y sin reconocerlo) Es útil esto de la crítica... uf! pero cómo escuece!!
Lo que tiene de emocionante mi cita es que...(redoble de tambores) ES PARA VER UN PISO!! No quiero gafarlo pero reconozco que estoy emocionada. Podría ser este... si, podría ser.
He visto fotos y las habitaciones gozan de saludables ángulos rectos. La cocina, es una cocina de verdad, no de las de Famobil. Es exterior (luz!!! mucha luz!!) y está reformado. Lo mejor es la zona, al lado de Atocha. Sinceramente, parece, si no perfecto, si bastante aceptable.
Sólo tiene 3 pegas:
- Se pasa un poco del presupuesto. Supera en 50 euros el máximo que pensábamos pagar.
- Una de las habitaciones no tiene ventana, la de Tirso concretamente (si, ya lo he decidido)
- No lo hemos visto. Esto significa, que pueden habitar cucarachas (uhmmm... proteinas para la época de vacas flacas..) , que puede estar lleno de agujeros (Unos poster bien puestos y...) o que puede tener a una anciano dentro al que le quede poco, pero no suficiente, para morir. Si, así, de mal se puede poner la cosa. Eso, o que empiecen a criticarnos por no ser pareja o por no tener ya 4 retoños.
Eso si, quiero que lo vacien de muebles. Tiene un sofá asqueroso, acompañado de una mesa asquerosa y de unas sillas asquerosas. Y lo peor: tiene colchones y Camas. Y direis que soy repipi o muy tiquismiquis... pero quiero mi cama a estrenar, paso de dormir en una cama de segunda mano. A saber lo que se ha hecho en ella o quien habrá dormido... Puag! Prefiero las cucarachas.
Son ahora mismo las 1000 de la noche. Creo que es hora de acostarme. Mañana, en cuanto pueda informo de la visita. Cruzad los dedos.
Hoy estoy de buen humor. Que tenga un cigarro a mano y una heineken puede que ayuden pero hay más cosas. Y no, no es porque me haya leido otro libro de Marian Keyes (sip, esos que todo el mundo critica) ni porque hoy, felizmente, he podido llegar a casa sin pasar por las habituales etapas de: borracho - perdida de autobús - taxi que me cuesta un ojo de la cara. Nooooooo...
Lo que pasa es que mañana tengo una cita. Una cita maravillosa por la mañana. He quedado con Tirso a las 11:30 en Atocha y no, esa no es la parte emocionante. En realidad, aunque adoro a Tirso, siempre me cae algún comentario que hiere mi sensibilidad ("pues eres una narcisista...", "pues esos informes que haces, y que tanto te cuestan, son sólo copiar y pegar...", "pues tienes granos... "Un primor de chico). Y que conste que luego, muy a mi pesar, me hace pensar y a veces, muchas, le doy la razón (pero en el fondo, muy en el fondo y sin reconocerlo) Es útil esto de la crítica... uf! pero cómo escuece!!
Lo que tiene de emocionante mi cita es que...(redoble de tambores) ES PARA VER UN PISO!! No quiero gafarlo pero reconozco que estoy emocionada. Podría ser este... si, podría ser.
He visto fotos y las habitaciones gozan de saludables ángulos rectos. La cocina, es una cocina de verdad, no de las de Famobil. Es exterior (luz!!! mucha luz!!) y está reformado. Lo mejor es la zona, al lado de Atocha. Sinceramente, parece, si no perfecto, si bastante aceptable.
Sólo tiene 3 pegas:
- Se pasa un poco del presupuesto. Supera en 50 euros el máximo que pensábamos pagar.
- Una de las habitaciones no tiene ventana, la de Tirso concretamente (si, ya lo he decidido)
- No lo hemos visto. Esto significa, que pueden habitar cucarachas (uhmmm... proteinas para la época de vacas flacas..) , que puede estar lleno de agujeros (Unos poster bien puestos y...) o que puede tener a una anciano dentro al que le quede poco, pero no suficiente, para morir. Si, así, de mal se puede poner la cosa. Eso, o que empiecen a criticarnos por no ser pareja o por no tener ya 4 retoños.
Eso si, quiero que lo vacien de muebles. Tiene un sofá asqueroso, acompañado de una mesa asquerosa y de unas sillas asquerosas. Y lo peor: tiene colchones y Camas. Y direis que soy repipi o muy tiquismiquis... pero quiero mi cama a estrenar, paso de dormir en una cama de segunda mano. A saber lo que se ha hecho en ella o quien habrá dormido... Puag! Prefiero las cucarachas.
Son ahora mismo las 1000 de la noche. Creo que es hora de acostarme. Mañana, en cuanto pueda informo de la visita. Cruzad los dedos.
miércoles, 1 de agosto de 2007
El Regreso
Este año, he pasado el día de mi cumpleaños en la playa, arropada por las olas y tostándome al Sol.
Al volver, he dejado atrás una semana de buen tiempo y relajación para encontrar aquí, de nuevo, los problemas de siempre. Nada que me encumbre como mártir, por supuesto, problemas como los de todo el mundo. Que si llego a las tres de la mañana de trabajar, que si odio a mis jefes, que si no encuentro piso…
Mi búsqueda de un hogar sigue donde la deje. El 80% de los pisos a los que llamamos están alquilados, y el resto pertenecen a la categoría de “dos dormitorios” quiere decir “dos estancias” (una habitación y un salón).
He visto cosas que no creeríais. Una cocina tipo hornillo para el campo, puesta en el pasillo. Techos que tocan el suelo… Abuhardillado, para vuestra información, quiere decir “casa habitable exclusivamente por seres reptantes”. Vamos, que si te acuestas con alguien te arriesgas a decapitarle en medio de la pasión.
Incluso hemos visto otra casa con habitaciones sin ángulos rectos. Lo trapezoidal esta de moda.
Además, y para no perder las buenas costumbres, ayer perdí el metro. Cuando llegué al andén de Gran Vía se había marchado mi carroza. Mierda. Un venezolano muy despistado se lamentaba también en el andén desierto. Me había preguntado minutos antes si lograría coger la línea 5. No sabía como iba a llegar a su casa…Para completar el cuadro, apareció otro hombre preguntando si ya se había ido el último. Parecíamos los supervivientes que se quedan atrás, siempre los hay, los que no pudieron ser evacuados.
Yo le conocía y él me reconoció también. Otra noche, en otro metro, me recitó Don Juan y algunos poemas que yo no conocía. También me dijo, aquel día, que lo de las lesbianas no era normal. Fue el día del orgullo, cuando me perdí toda la fiesta por estar trabajando.
Terminé caminando con el venezolano hasta Cibeles, y tomamos juntos el autobús. El me contaba cosas de allí y de aquí, lo que le llamaba la atención de España, donde sólo lleva un mes. Era agradable, buen conversador, interesante y educado. Cuando le dejé en su casa me pidió el teléfono y no se lo di. No se si hice bien… la verdad.
Ahora que soy un año más vieja, he retomado antiguos propósitos. He hecho una lista con ellos y, acto seguido, la he perdido, ni idea de donde puede estar. Yo soy así. De momento, he conseguido no agobiarme con la celebración de mi cumple, algo que me ocurre invariablemente cada año. Esta vez, sencillamente, no lo organizo yo. He conseguido un asistente guapo y gay, cómo en las películas. Es él quien ha buscado un sitio fabuloso y quien está, probablemente en este mismo momento, enviando las invitaciones con ribetes plateados. Un amor.
Para terminar, que luego hay gente malvada por el mundo que dice que hago entradas muy largas… (¿Largas?? ¿yo? Tendrá valor!!!) os dejo con unas fotografías de los extraterrestres (pacíficos) con los que me he cruzado esta semana en la playa. Obviamente, pretendían pasar por veraneantes cualesquiera, pero mi experta mirada los descubrió.
…Yo creo qu
é sobran los comentarios. 
Al volver, he dejado atrás una semana de buen tiempo y relajación para encontrar aquí, de nuevo, los problemas de siempre. Nada que me encumbre como mártir, por supuesto, problemas como los de todo el mundo. Que si llego a las tres de la mañana de trabajar, que si odio a mis jefes, que si no encuentro piso…
Mi búsqueda de un hogar sigue donde la deje. El 80% de los pisos a los que llamamos están alquilados, y el resto pertenecen a la categoría de “dos dormitorios” quiere decir “dos estancias” (una habitación y un salón).
He visto cosas que no creeríais. Una cocina tipo hornillo para el campo, puesta en el pasillo. Techos que tocan el suelo… Abuhardillado, para vuestra información, quiere decir “casa habitable exclusivamente por seres reptantes”. Vamos, que si te acuestas con alguien te arriesgas a decapitarle en medio de la pasión.
Incluso hemos visto otra casa con habitaciones sin ángulos rectos. Lo trapezoidal esta de moda.
Además, y para no perder las buenas costumbres, ayer perdí el metro. Cuando llegué al andén de Gran Vía se había marchado mi carroza. Mierda. Un venezolano muy despistado se lamentaba también en el andén desierto. Me había preguntado minutos antes si lograría coger la línea 5. No sabía como iba a llegar a su casa…Para completar el cuadro, apareció otro hombre preguntando si ya se había ido el último. Parecíamos los supervivientes que se quedan atrás, siempre los hay, los que no pudieron ser evacuados.
Yo le conocía y él me reconoció también. Otra noche, en otro metro, me recitó Don Juan y algunos poemas que yo no conocía. También me dijo, aquel día, que lo de las lesbianas no era normal. Fue el día del orgullo, cuando me perdí toda la fiesta por estar trabajando.
Terminé caminando con el venezolano hasta Cibeles, y tomamos juntos el autobús. El me contaba cosas de allí y de aquí, lo que le llamaba la atención de España, donde sólo lleva un mes. Era agradable, buen conversador, interesante y educado. Cuando le dejé en su casa me pidió el teléfono y no se lo di. No se si hice bien… la verdad.
Ahora que soy un año más vieja, he retomado antiguos propósitos. He hecho una lista con ellos y, acto seguido, la he perdido, ni idea de donde puede estar. Yo soy así. De momento, he conseguido no agobiarme con la celebración de mi cumple, algo que me ocurre invariablemente cada año. Esta vez, sencillamente, no lo organizo yo. He conseguido un asistente guapo y gay, cómo en las películas. Es él quien ha buscado un sitio fabuloso y quien está, probablemente en este mismo momento, enviando las invitaciones con ribetes plateados. Un amor.
Para terminar, que luego hay gente malvada por el mundo que dice que hago entradas muy largas… (¿Largas?? ¿yo? Tendrá valor!!!) os dejo con unas fotografías de los extraterrestres (pacíficos) con los que me he cruzado esta semana en la playa. Obviamente, pretendían pasar por veraneantes cualesquiera, pero mi experta mirada los descubrió.
…Yo creo qu
é sobran los comentarios. 
jueves, 19 de julio de 2007
Un día en el Circo
Me levanto muy pronto para ir de excursión. Hemos quedado para visitar un pequeño planeta donde anuncian un espectáculo muy vistoso y original. Una mezcla entre el circo romano y "humor amarillo".
Me siento con mis colegas en una de esas gradas incómodas. Parece las ventas en un día de concierto. Cocacola chorreando por los asientos, que están duros como piedras y el sol pegando fuerte. No tengo gorra que me proteja pero si un parasol de esos que venden en los chinos.
Los que son tocados (quien dice tocados dice casi troceados) por uno de los monstruos, se convierte en monstruo también, en virtud de una original mutación. Así, la fila de participantes se muestra ansiosa ante la actuación del resto. Saben que si los otros consursantes logran cruzar sanos y salvos, aumentarán su puntuación y serán rivales más difíciles... pero por otro lado, si fallan, acabarán engrosando la ya nutrida tropa de monstruos mutantes. El último concursante, al final de la nerviosa fila, parece realmente acojonado.
hacen los insectos de las películas. El miedo me puso rígida y olvidé todos los efectos del alcohol. Ya no estaba borracha y sentía frío. Volví sobre mis pasos para encontrar la puerta del local pero comprobé que sólo se abría por dentro. Tendría de rodearlo y entrar por la puerta principal. Me estaba meando, otra vez.
Me siento con mis colegas en una de esas gradas incómodas. Parece las ventas en un día de concierto. Cocacola chorreando por los asientos, que están duros como piedras y el sol pegando fuerte. No tengo gorra que me proteja pero si un parasol de esos que venden en los chinos.
Una extensión gigantesca de tierra despliega ante nuestros ojos mil pruebas absurdas y peligrosas. Alucino con cada una, especialmente aquella en la que tienen que cruzar un corredor plagado de monstruos mutantes. Normalmente, a pesar de su ferocidad, no matan a nadie. Pero si pueden dejarte un garrazo de recuerdo o quedarse en prenda un trocito de tu brazo. Es espeluznande, da asco, da miedo...es digno de ver. No puedo apartar los ojos de la arena.
Grito y aplaudo como la que más.
Ya necesitaba yo un descando, desfogarme un poco.
Ya necesitaba yo un descando, desfogarme un poco.
Los que son tocados (quien dice tocados dice casi troceados) por uno de los monstruos, se convierte en monstruo también, en virtud de una original mutación. Así, la fila de participantes se muestra ansiosa ante la actuación del resto. Saben que si los otros consursantes logran cruzar sanos y salvos, aumentarán su puntuación y serán rivales más difíciles... pero por otro lado, si fallan, acabarán engrosando la ya nutrida tropa de monstruos mutantes. El último concursante, al final de la nerviosa fila, parece realmente acojonado.
No es esta la única prueba. También está la clásica de las hamburguesas y una en la que tienes que lanzarte contra una puerta. Sólo un umbral conduce a la victoria, pero no saben cual es. Detrás de algunas puertas hay horrores innombrables, en otra un lago cuyo poder es convertir a la persona en chica (si ya eres una tía, te conviertes en un panda)
Hay un sin fin de pruebas pero, en una en concreto, sacan a un voluntario del público. Hay un foco que recorre las caritas espectantes en las gradas y tras unos agónicos minutos, se para en alguien. Su cara aparece a la vista de todos en un monitor gigante, desde el cual se retransmite todo lo que ocurre. A mi el foco me señaló, pero yo estaba despegando un chicle de las chanclas y ni me enteré asi que, intentando enmendar el error, el haz de luz corrige su trayectoria y señala a Irene, la chica sentada a mi lado.
Es menuda, con el pelo oscuro cortado en una discreta melenita y la piel muy blanca. Por debajo de su flequillo los ojos se le iluminan por la emoción. Parece entusiasmada con la suerte que ha tenido. De repente, y sin aviso ninguno, se levanta rapidamente de su asiento y me arrastra con ella.
Hay un sin fin de pruebas pero, en una en concreto, sacan a un voluntario del público. Hay un foco que recorre las caritas espectantes en las gradas y tras unos agónicos minutos, se para en alguien. Su cara aparece a la vista de todos en un monitor gigante, desde el cual se retransmite todo lo que ocurre. A mi el foco me señaló, pero yo estaba despegando un chicle de las chanclas y ni me enteré asi que, intentando enmendar el error, el haz de luz corrige su trayectoria y señala a Irene, la chica sentada a mi lado.
Es menuda, con el pelo oscuro cortado en una discreta melenita y la piel muy blanca. Por debajo de su flequillo los ojos se le iluminan por la emoción. Parece entusiasmada con la suerte que ha tenido. De repente, y sin aviso ninguno, se levanta rapidamente de su asiento y me arrastra con ella.
Cogida de su mano, llegamos al lado del presentador que, como en un circo de los más rancios, explica la prueba, a grito pelao (¿para que cojones lleva micrófono?), cómo si nuestra vida fuese a pender de un hilo. A mi me entra el miedo y, cómo no, las ganas de hacer pis (es por los nervios...)
En realidad, se trata de montar en una especie de montaña rusa que va rapídísimo y que te lleva por aros de fuego, cataratas donde hay hadas que te tiran del pelo y, por supuesto, montruos mutantes con tentáculos y los dientes afilados, como enormes máquinas de cortar mortadela. Parece peligroso... pero sólo lo parece. En realidad, nunca pondrían la vida de los turistas en peligro. Este rumboso espectáculo es uno de los grandes atractivos que tiene el planeta y el turismo estelar es una fuente de ingresos que hay que mimar.
Casi se me desencaja la mandíbula de tanto gritar, los ojos me dieron cien vueltas y estuve a punto de vomitarle a Irene encima. La gente, cuando pasábamos por su lado a toda velocidad, casi rozándoles, nos lanzaba cacahuetes, palomitas y latas de refresco. Menudos cafres!
Al terminar el espectáculo, decidimos que antes de volver a casa tomariamos algo en una taberna cercana. Ya era de noche, y las emociones del día habían tenido que esperar, impacientes, sentadas en la fría piedra de los asientos, hasta que terminó el concurso. Necesitaban expresarse...
Por cierto, el espectáculo se saldo sin ningún muerto. Dos se mearon encima, una mujer perdió una pierna y otra perdió una antena. Pero no fue nada grave en realidad.
Cuando llegamos a la taberna, "Melaza de Klingon" se llamaba, pudimos por fin comentar lo sucedido y repetir las anécdotas del día una media de 100 veces. Porque es lo que suele pasar, que comentas lo mismo una y otra vez cómo sacándole todo el jugo. Exprimiendo el momento al máximo y disfrutando aunque lo has oido mucha veces y, es más, tu estabas allí y lo viste.
Es taaaaannn emocionante!!!
Lo malo es que, con tanto alcohol, terminamos muy desfasados. El novio de Irene estaba cantando encima de la mesa y tocando la gutarra aerea. Irene estaba coqueteando con el camarero, que era indígena de allí y no entendía como alguien tan pequeño podía acumular aire suficiente para hablar tanto, y tan seguido.
Yo estuve hablando con la familia del camarero, dueños del local. Estuve riendo con los niños y acunando al más pequeño. Los bebes allí, hasta que no alcanzan el año de edad, tiene el tamaño y el aspecto de Rollitos de Primavera. Cómo los que aquí cenamos en el chino.
Son tiernas criaturitas que dormitan y crecen dentro de su pequeño envoltorio de ojaldre.
Empecé a marearme. No debí haber bebido aquello tan picante, no debí picarme con el plutoniano a ver quien bebía más chupitos ni debí contarle aquella anecdota de cuando me pillé el párpado del ojo con la cremallera de un jersey. Pensando esto, salí por la puerta trasera de la taberna y me encontré en el bosque. De día y visto desde la nave no parecía tan amenzador pero ahora, en noche cerrada, era vaporoso y realmente oscuro. Tan frondoso, que desistí de dar un paseo. Sobretodo porque, cómo buena prota de peli de serie B, había dejado mi pistola laser en dios sabe donde (en el baño, con los clinex que me llevé por si no había papel)
Escuché ruidos extraños, chasquidos, aullidos, silvidos, y ese "mimimimimi" que
hacen los insectos de las películas. El miedo me puso rígida y olvidé todos los efectos del alcohol. Ya no estaba borracha y sentía frío. Volví sobre mis pasos para encontrar la puerta del local pero comprobé que sólo se abría por dentro. Tendría de rodearlo y entrar por la puerta principal. Me estaba meando, otra vez.Cuando giré la primera esquina, encontré de frente, a unos metro de mi, un animal enorme, parecido a un lobo pero sin pelo (luego, no era adorable en absoluto). Era una mezcla entre un lobo y un reptil, y tenía una lengua larga y, cómo no, babosa y moqueante. Me quedé paralizada. Empezó a gruñirme y eché a correr.
¡¡MIERDA!! Cual novata, eché a correr hacía el bosque, internándome en la espesura y completamente aterrada. El bebe, sujeto en mi mano, y las chanclas, impidiendo mi avance. Era imposible ser más rápida que él. Que "aquello".
Trepé a un arbol con las últimas fuerzas que me quedaban. No había ramas altas y abajo se juntaron más especímenes de aquellas criaturas. Grité, con mi voz aguda y estridente, con lágrimas en los ojos y sorbiendomé los mocos. Los animales saltaban cada vez más alto y estaban cada vez más furiosos. Casi me alcanzan. Uno enganchó mi pierna y estuve a punto de caer. Seguí gritando y aún lo hice más cuando, en un momento en qué perdí el equilibrio, me balancee peligrosamente sobre la rama y uno de los bicharracos aprovechó para saltar. Agarro entre sus fauces al indefenso bebé-rollito de primavera.
Cuando sus patas apenas tocaban el suelo, la mitad del cuerpo se volatilizó entre un humo azulado. Le habían disparado.
El padre de familia se acerco al arbol y disparando aullentó a las bestias. Mientras yo bajaba, me llamó de todo, me insultó y me gritó. Resumiendo, me dijo que era la jodida turísta más estúpida que había conocido en su vida. Era lógico pensar que hubiese una fauna hostil en aquel planeta y yo, si no hubiese sido tan estúpida, o estado tan borracha, no se me hubiera pasado por la imaginación abandonar la luz, el calor y la seguridad que brindaba la taberna.
El padre de familia se acerco al arbol y disparando aullentó a las bestias. Mientras yo bajaba, me llamó de todo, me insultó y me gritó. Resumiendo, me dijo que era la jodida turísta más estúpida que había conocido en su vida. Era lógico pensar que hubiese una fauna hostil en aquel planeta y yo, si no hubiese sido tan estúpida, o estado tan borracha, no se me hubiera pasado por la imaginación abandonar la luz, el calor y la seguridad que brindaba la taberna.
Cuando llegué el suelo, vi que Irene y Carlos estaba también allí, esperandome tensos y con cara de "ha faltado un pelo".
Me agaché inmediatamente para recoger al rollito de primavera y entonces el tabernero se paró en seco. Comprendió lo que habia sucedido y me arrebató a su retoño.
Di gracias de que hubiese sobrevivido. Se había dañado la crujiente cubierta pero el tierno y delicado contenido estaba intacto y seguía durmiente, ajeno a lo sucedido y soñando con ser de mayor un bateador famoso. Cuando vimos que nada le había sucedido, sonreí al padre aliviada y sentí, en apenas un segundo, su tentáculo rodeando mi cuello. Carlos e Irene gritaban pero el apretaba cada vez más, seguro de que yo merecía la muerte por haber puesto en peligro a su pequeño.
Suerte que Irene había ido al baño después que yo y que, además, ella no bebe. Le apuntó con el arma a la cabeza y tras unos minutos en los que me vi reducida a papilla de Isadora, la presión se aflojó. Me soltó y le obligamos a entregar su pistola volatilizadora. Sin perder más tiempo, temerosos de que alguien más nos echara en falta y la situación se complicara, echamos a correr en dirección a la nave.
Estaba lejos y nosotros estábamos cansados. Detras de nosotros, una orda de indígenas furiosos enterados ya de lo sucedido, nos perseguía gritando. Agitaban como armas lo primero que habían cogido y les acompañaban unos cuantos turistas borrachos y tambaleantes. Debieron pensar, supongo, que era otra atracción del planeta y que una caza de personas en plena madrugada era tan excitante cómo cualquier otra diversión propia de un planeta extraño, auque tuviesen que abandonar (algunos) su bebida en la barra.
Nos dolían los pulmones, las piernas y hasta el alma cuando llegamos a la nave. Ninguno podía hablar. Y cuando pudimos hacerlo, recuperado ya el aliento, nos quedamos en silencio. Pensando.
Pasado un rato, alguien sacó unas cervezas y empezamos a rememorar. Repetimos una y otra vez las anécdotas "¿Viste su cara cuando vió al bebé??" "menuda mierda de cuarto de baño..." "tenía la situación controlada cuando llegasteis..." Cada vez nos reiamos más y nos fuimos relajando.
Seguimos así hasta que llegamos a casa. Y al día siguiente cuando nos volvimos a ver.
Seguimos así hasta que llegamos a casa. Y al día siguiente cuando nos volvimos a ver.
Eso si, otro planeta al que no podríamos volver. De ahora en adelante, me limitaré a la Guía del Ocio para planificar mi fin de semana.
lunes, 16 de julio de 2007
Manual de chapuzas: Capitulo 1. Hacer críticas
Antes que nada, hay que mentalizarse de que el conflicto no es siempre algo negativo. En la práctica, puede ser muy beneficioso, un momento de crisis donde todo se sacude, se desestabiliza. Un puzzle cuyas piezas se vuelven a unir después en una combinación mejor que la anterior.Cuando al fin, tras varios roces, discutimos con un amigo, lo que puede resultar de ese conflicto es una relación mejor. Puede que, afrontando un conflicto con nuestra pareja, demos un giro a la relación y se resuelvan problemas que de otro modo se hubiesen enquistado.
De acuerdo. En este momento alguien puede venir y meter mi escuálido culo en la jodida trituradora de carne..¡ PAREZCO UN LIBRO DE AUTOAYUDA!!
Creo que voy a llorar... ¿cuando me he convertido en esto??
Da igual. Soy cómo el capitalismo y absorbo mis contradicciones.
A lo que viene esta entrada, inusualmente formativa, es a esbozar las cosas a tener en cuenta para realizar críticas. Ahí van:
A lo que viene esta entrada, inusualmente formativa, es a esbozar las cosas a tener en cuenta para realizar críticas. Ahí van:
- Lo primero es mantener la calma. Mucha gente cree que la discusión es para desahogarse y decir lo primero que te viene a la cabeza, pero esto sólo estropea más las cosas. Añade troncos a la hoguera que tendremos, al final, que apagar. El autocontrol es importante, hay que evitar lo de "No pensaba lo que te dije... en serio". Pues no se si lo pensabas pero el daño ya esta hecho, y si lo has dicho, aunque ahora te retractes, será por algo. Muchísimas discusiones comienzan por una tontería y se recrudecen por algo que se dice después, en el calor de la confrontación. Vamos, que se termina discutiendo por algo más grave que el motivo por el que empezó todo.
- Tener el permiso del otro/a para hacer la crítica. Basta con un "¿te puedo comentar una cosa?" o bien "hay algo que me ha molestado y me gustaría comentártelo...". Esto sirve para que se valla haciendo a la idea y para que tenga la oportunidad de decirte que este no es un buen momento, o que ahora está ocupada y no se va a centrar en la conversación. Una vez, tuve una discusión con una persona que me levantó de la cama. Estuvimos enfadados meses. No se me puede decir nada hasta que me lavo la cara, me tomo el café y me fumo mi primer cigarro. No se me puede hablar y, si lo haces, lo mejor que puede pasar es que acabemos cabreados. Lo peor, que te saque el corazón con la cucharilla del café.
- Ser muy concreto en la situación o comportamiento que nos molesta. No vale empezar a divagar, porque entonces a la otra persona no le queda claro cual es el problema. Si empezamos a mezclar, en lugar de discutir el hecho en sí, acabaremos metidos en una ensalada de " ...y el otro día te comiste mis patatas" "pues tú te aliaste con los ventru para quitarme mi capilla". Total, que se juntan un montón de cosas que puede, incluso, que ya se hubieran resuelto.
- Hay que expresar nuestros sentimientos y opiniones. No es agradable que juzguen un hecho desde la óptica moralista y objetiva de un juez distante. Si le haces a alguien una crítica, que sea porque a ti te afecta, porque te importa esa persona o las consecuencias de sus actos. No se trata de ir por ahí diciéndole a la gente lo que a ti te parece bien y lo que no. Las críticas tienen su sentido, que es provocar una mejora.
- Ponerse en el lugar del otro. Es siempre recomendable ya que no todo el mundo es igual y, por tanto, no se pueden decir las cosas de la misma manera. Bien porque estamos tratando con alguien muy sensible, bien porque necesita una explicación más clara para enterarse de que te ha jodido algo que ha hecho. Pensar en cómo puede ver las cosas el otro, ayuda a exponerlas. Incluso, puede con mediante este ejercicio de empatía descubramos que la crítica que pensábamos hacer no tiene sentido, que el comentario grosero no era más que una broma. Algo para no enfadarse, por poner un ejemplo tonto (Aunque la explicación parezca larga, de verdad que intento simplificar)
- Dar alternativas. Ofrecer soluciones siempre demuestra un interés en solucionar las cosas, no es una crítica "por joder" cómo se suele decir. Sino un problema que se plantea para solucionarlo. Además, ofreciendo alternativas exponemos de forma más sencilla lo que realmente esperamos, lo que queremos cambiar.
- Agradece el cambio, si la persona lo lleva a cabo. Huelga toda explicación de esto, creo.
También es recomendable comenzar con algo bueno de la otra persona. Hace que quien recibe la crítica no la vea cómo un ataque sino cómo una muestra de interés, cómo algo constructivo. Puede ser como: "mira Isi, me gusta quedar contigo, pero que llegues una hora tarde hace que se estropee en cierto modo la velada".
Estos principios, se destilan en las "Frases Yo", que no son sino un tipo ideal, que cada uno debe adaptar a la situación y a su persona. La frase yo se estructura de la siguiente forma:
- con un "Yo creo" (es algo subjetivo, a ti "te lo perece" pero no tiene porque ser un juicio absoluto)
- "que este comentario que has hecho" (el hecho en concreto, no una generalidad)
- con un "Yo creo" (es algo subjetivo, a ti "te lo perece" pero no tiene porque ser un juicio absoluto)
- "que este comentario que has hecho" (el hecho en concreto, no una generalidad)
-"es un poco borde" (aportamos el problema, aportamos nuestra percepción del mismo).
- "Me gustaría (expresamos el deseo personal)
- " que intentaras no volvieras a hacerlo" (ofrecemos la alternativa, eliminar ese comentario y similares)
Queda algo así: "Me molesta que me estés gritando, porque no puedo concentrarme en hacer esto. Me gustaría que me hablases en un tono normal".
Queda algo así: "Me molesta que me estés gritando, porque no puedo concentrarme en hacer esto. Me gustaría que me hablases en un tono normal".
Un último apunte: No generalizar. No es lo mismo que te digan que tu comentario ha sonado borde, a que te digan que Tú eres un Borde. No es igual decir que hoy has llegado tarde, a decir que eres una desconsiderada. Hay que ceñirse al hecho, no extenderlo a un juicio de toda la persona, de su personalidad y la forma en qué hace las cosas.
Todo lo expuesto, parece obvio (lo es) y bien sencillo. Pero habitualmente no lo hacemos, no lo tenemos en cuenta y, enfadados o molestos, nos relacionamos de una forma muy agresiva, o, según la persona, muy pasiva.
Para el siguiente capítulo (pero más adelante para no saturar) publicaré las pautas a seguir para recibir una crítica y también, los estilos de relación Asertivo, Agresivo y Pasivo. Y cómo es mi fiesta y lloraré cuando quiera, lo haré sin previo aviso para pillaros desprevenidos.
Disculpe, pero...

Aseguraría que todos, en uno u otro momento de la vida hemos querido ser Michael Douglas en la peli "Un día de Furía":
- ¡¿QUE?!! ¿que no va a darme mi Chiniwini con queso porque son más de las doce?!!
- ¡¿QUE?!! ¿que no va a darme mi Chiniwini con queso porque son más de las doce?!!
Vete a la mierda. No quiero el "Winipollo especial mediodía", quiero el chiniwini con queso... Mira canija...
Y entonces, sacar la recortada y conseguir la puñetera hamburguesa.
Y eso, que yo aborrezco las hamburguesas. Aunque esto es poco común, responde a su corta, cortísima vida. Similar a la de las moscas.
Cuando me siento delante de mi Chiniwini con queso y sin cebolla, lo encuentro de lo más apetecible. Cuando empiezo a comerlo y descubro que está empapado, literalmente, en mierdi-mayonesa, me empieza a dar realmente asco. No se distinguen los sabores, todo está blando y se va convirtiendo ante mis ojos en una masa informe, llena de grietas y chorretones... ¡Puaggg!
Cuando voy por la mitad lo abandono a una muerte solitaria y tranquila. Me repugna. Es cómo notar que se va pudriendo poco a poco, que deja de estar caliente y va perdiendo forma y consistencia. Cómo un espejismo pringoso.
Y entonces, sacar la recortada y conseguir la puñetera hamburguesa.
Y eso, que yo aborrezco las hamburguesas. Aunque esto es poco común, responde a su corta, cortísima vida. Similar a la de las moscas.
Cuando me siento delante de mi Chiniwini con queso y sin cebolla, lo encuentro de lo más apetecible. Cuando empiezo a comerlo y descubro que está empapado, literalmente, en mierdi-mayonesa, me empieza a dar realmente asco. No se distinguen los sabores, todo está blando y se va convirtiendo ante mis ojos en una masa informe, llena de grietas y chorretones... ¡Puaggg!
Cuando voy por la mitad lo abandono a una muerte solitaria y tranquila. Me repugna. Es cómo notar que se va pudriendo poco a poco, que deja de estar caliente y va perdiendo forma y consistencia. Cómo un espejismo pringoso.
Esto (me permitiré un inciso) me recuerda a un episodio traumático de mi infancia: el día que me dejaron en la guardería. Mi problema no era entonces, siendo yo bien pequeña, el madrugón o la gente. Yo era una niña sociable y sólo me habían aparcado allí para que, en una hora o dos, me llevarán al colegio.
Sin embargo, cuando entré descubrí que era la "Hora del Desayuno" y las cuidadoras llenaron muchos vasos de leche caliente. Me asquea la lehe que ha sido calentada y apunta ya maneras de convertirse en nata. No puede haber nada más repugnante que beber algo de sabor asqueroso y encontrar tropezones (trozos de nata). Me dan arcadas sólo de pensarlo.
Pero esto, la perversión de la leche, no era lo peor. Cuando los vasos estuvieron llenos añadieron al menos 4 galletas en cada uno. Una barbaridad. Y las removieron. Cómo brujas malvadas, repartieron aquel engrudo donde nada podías comer ni beber. Era algo que desafiaba las leyes de la física por su densidad. Una suerte de papilla poco licuada.
Yo perdí mi vaso por ahí... lo abandoné en una esquina e intenté olvidar aquella imagen espantosa. Yo, que entonces era cursi y delicada, me puse a pasear por la guardería que tenía varias habitaciones descubriendo en cada una niños de todas las edades con aspecto, casi todos, de abandono. Niños que se habían meado encima, niños que tenían el acuaplas de galletas esparcido por la camiseta, niños que lo tenían esparcido por todas partes... Niños que lloraban y bebes a los que les cambiaban los pañales. Demasiados párbulos para tan pocos adultos. Nuestra superioridad numérica era alarmante, de no considerar el estado anímico de los allí reunidos. Todos parecía tristes y los que lloraban...¡TENÍAN MOCOS!!!
Hay pocas cosas que me den más asco que los mocos colgando, liquidos en su mezcla con las lagrimás, delizándose por la cara y acercándose peligrosamente a la boca... ¡Aggggggg!!
Pero esto, la perversión de la leche, no era lo peor. Cuando los vasos estuvieron llenos añadieron al menos 4 galletas en cada uno. Una barbaridad. Y las removieron. Cómo brujas malvadas, repartieron aquel engrudo donde nada podías comer ni beber. Era algo que desafiaba las leyes de la física por su densidad. Una suerte de papilla poco licuada.
Yo perdí mi vaso por ahí... lo abandoné en una esquina e intenté olvidar aquella imagen espantosa. Yo, que entonces era cursi y delicada, me puse a pasear por la guardería que tenía varias habitaciones descubriendo en cada una niños de todas las edades con aspecto, casi todos, de abandono. Niños que se habían meado encima, niños que tenían el acuaplas de galletas esparcido por la camiseta, niños que lo tenían esparcido por todas partes... Niños que lloraban y bebes a los que les cambiaban los pañales. Demasiados párbulos para tan pocos adultos. Nuestra superioridad numérica era alarmante, de no considerar el estado anímico de los allí reunidos. Todos parecía tristes y los que lloraban...¡TENÍAN MOCOS!!!
Hay pocas cosas que me den más asco que los mocos colgando, liquidos en su mezcla con las lagrimás, delizándose por la cara y acercándose peligrosamente a la boca... ¡Aggggggg!!
Definitivamente, lo recuedo como si, con aquella mirada infantil e ingenua, hubiera paseado durante una hora por un campo de concentración, o por algún tipo de sala en la que se reunieran las víctimas de una catástrofe. Supongo, ahora desde la madurez, que era una exagerada y que no fue, ni por asomo, tan drámático. Que lástima, de todas formas, que siempre desconfiemos de los recuerdos infantiles.
Después de este inciso, más bien largo, retomaré mi día de furia. En realidad, se limita a mi momento de furía añoche, en el metro (2:00 am.). Cómo es habitual, coincidí en el vagón con un tío borracho (cada día uno distinto, podría hacer colección) que consideró divertido sentarse a mi lado e prácticar sus estrategias de ligoteo. Y yo, que soy dulce y educada, le indiqué que no quería hablar. Luego él insistió y yo le ignoré, haciendo que estaba concentrada en mi lectura, aunque en realidad estaba tensa y agarrotada.
Al fin, agotada de estupideces, saqué la recortada del bolso, le apunté a la braqueta y le miré con una de esas miradas que tan claro lo deja todo, y que es en sí misma una amenaza muy concreta ("metete tu chiniwini por el culo, mamón") El asunto quedó así zanjado. O se hubiera quedado zanjado si yo, en la realidad y no sólo en el terreno de mi imaginación, hubiera hecho realmente eso. Pero no lo hice, no llebaba arma alguna en el bolso, ni tenía arrestos para la proeza descrita. Me quedé allí, intentando capear la situación y deseando con todas mis ganas que llegara ya mi parada.
En cualquier conflicto o discusión, ya sea en la cola de una tienda, con un funcionario, con un amigo íntimo o en medio de un conflicto armado, la primera palabra que sale de mi boca siempre es la misma: Perdone.
Al fin, agotada de estupideces, saqué la recortada del bolso, le apunté a la braqueta y le miré con una de esas miradas que tan claro lo deja todo, y que es en sí misma una amenaza muy concreta ("metete tu chiniwini por el culo, mamón") El asunto quedó así zanjado. O se hubiera quedado zanjado si yo, en la realidad y no sólo en el terreno de mi imaginación, hubiera hecho realmente eso. Pero no lo hice, no llebaba arma alguna en el bolso, ni tenía arrestos para la proeza descrita. Me quedé allí, intentando capear la situación y deseando con todas mis ganas que llegara ya mi parada.
En cualquier conflicto o discusión, ya sea en la cola de una tienda, con un funcionario, con un amigo íntimo o en medio de un conflicto armado, la primera palabra que sale de mi boca siempre es la misma: Perdone.
"Perdone, pero estoy leyendo" fue lo que le dije al pesado de anoche.
Perdone... pero no me apetece notar su hedor y aguntarle las gilipolleces. Disculpe que al salir de trabajar no me apetezca charlar con un desconcido borracho, perdone que no sienta una tremenda atracción sexual ante su cara de beodo y esas cejas que se unen en una... Discúlpemé, caballero, pero su roce me da más asco que la leche caliente....
Todas las estas frase se ajustan, a mi pesar, a mi repertorio habitual: "perdona, pero no me hace gracia que me pongas los cuernos" o "disculpe, le importaría dejar de torturarme con esos alicates al rojo vivo... ". Una de las que más he dicho en toda mi vida, y no es broma, es la de "Perdona araña, ¿podrías marcharte de aquí?" Cómo mucha gente, siempre pienso que por el hecho de que a mi me aterrorice un ser, este no tiene porqué morir aplastado. Y, basado en razones más egoístas, también me da miedo que las arañas de su familia vengan todas en tropel a buscarme, sedientas de venganza por la muerte de su hijo pródigo.
Si, mi mente funciona de esta manera. Y no, no tomo medicación alguna.
No es que me encante ser así. A veces me gustaría plantarme y no tener tantos absurdos miramientos, que no hacen sino prolongar la agonia. A veces creo que debería tomar prestada alguna frase de Brus Willis para zanjar una situación, o echar mano de más mala uva, simplemete.
Normalmente no lo hago por dos motivos:
- Siempre (casi siempre) creo que la mayoría de las cosas por las que nos cabreamos, se deben a malentendidos. Que casi nunca nos ponemos a pensar cual ha sido la percepción de la otra persona. Nos enfadamos con alguien porque vemos lo que nos ha hecho y a lo mejor lo que pasa es que, a su vez, estaba molesto por algo que nosotros hicimos sin querer. O que lo ha hecho sin darse cuenta... No valora el hecho cómo nosotros.
Normalmente no lo hago por dos motivos:
- Siempre (casi siempre) creo que la mayoría de las cosas por las que nos cabreamos, se deben a malentendidos. Que casi nunca nos ponemos a pensar cual ha sido la percepción de la otra persona. Nos enfadamos con alguien porque vemos lo que nos ha hecho y a lo mejor lo que pasa es que, a su vez, estaba molesto por algo que nosotros hicimos sin querer. O que lo ha hecho sin darse cuenta... No valora el hecho cómo nosotros.
- Siempre (casi siempre) valoro los actos de las personas en función de sus intenciones. Si las consecuencias han sido nimias pero los sentimientos que las impulsaron eran mezquinos, me cabreo. Mucho. Si las consecuencias son horribles pero creo que no hubo mala intención, definitivamente no me enfado.
Estas dos premisas, junto con mi natural predisposición a creer que casi nadie actúa de mala fé, hacen que la mayoría de las veces no vea mi enfado cómo legítimo, y que, no nos vamos a engañar, ceda tan facilmente y sea horriblemente vulnerable al chantaje emocional. Incluso cuando soy consciente de que lo están usando.
Estas dos premisas, junto con mi natural predisposición a creer que casi nadie actúa de mala fé, hacen que la mayoría de las veces no vea mi enfado cómo legítimo, y que, no nos vamos a engañar, ceda tan facilmente y sea horriblemente vulnerable al chantaje emocional. Incluso cuando soy consciente de que lo están usando.
Por otra parte, me planteo habitualmente las discusiones cómo una vía para resolver el conflicto, no para dar rienda suelta a mi cabreo, ni para desahogarme, ni para reivindicar nada. En el calor del momento, esas cosas no hacen sino empeorar las cosas. Algo que considero muy útil para evitar los conflictos (al menos un tipo de ellos) e incluso para resolverlos, es Saber hacer críticas, y también saber recibirlas. Son habilidades estas que es necesario aprender y ejercitar, cómo la asertividad o la empatía de las que, en cierto modo se alimentan.
Cómo en esta entrada me estoy alargando hasta el infinito y más alla (y soy extremadamente considerada), voy a crear otra entrada a continuación sobre las Críticas, hacerlas y recibirlas. Así, si alguien pasa del "sermoncito" o, cómo le sucede al pobre Tirso, ya me lo ha oido varias veces, puede saltarse la entrada. Elegir la escalera de la derecha y pasar a la página 24.
Al fin y al cabo, casi soy la única persona que lee el blog, por lo que tengo asegurado su público.
Cómo en esta entrada me estoy alargando hasta el infinito y más alla (y soy extremadamente considerada), voy a crear otra entrada a continuación sobre las Críticas, hacerlas y recibirlas. Así, si alguien pasa del "sermoncito" o, cómo le sucede al pobre Tirso, ya me lo ha oido varias veces, puede saltarse la entrada. Elegir la escalera de la derecha y pasar a la página 24.
Al fin y al cabo, casi soy la única persona que lee el blog, por lo que tengo asegurado su público.
domingo, 15 de julio de 2007
Jugar a las definiciones.
Antes de empezar, dos definiciones sencillas, para no pecar de dar demasiadas cosas por supuestas...
GÉNERO: Construcción social histórica y cultural de los seres humanos en función de su sexo desde su nacimiento.El género como construcción cultural, diferenciándolo del sexo como término relacionado con las características fisiológicas diferenciales de hombres y mujeres.
ESTEREOTIPOS DE GÉNERO: Ideas simplificadas, pero fuertemente asumidas, sobre las características de los varones y de las mujeres.
En un libro sobre sexismo y coeducación, resuelven la cuestión de los “estereotipos de género” afirmando que debemos evitar la dicotomía cuerpo – mente. No es útil, sino muy al contrario, negar la corporeidad de cada persona. Como resultado de esta fórmula, lo que distinguiría a los hombres y a las mujeres, es su cuerpo y, cómo resultado, el niño no debe sentir confusión alguna o vergüenza si decide pintarse las uñas o ponerse falda (algo tradicionalmente asociado a la mujer) ni ha de penalizar (excluir, insultar...) a una niña que lleva el pelo corto y es muy fuerte. Tanto para su desarrollo integral como para la relación de los demás, es necesario que se sientan cómodos en su cuerpo y que entiendan que uno no es "menos niño” por jugar a las cocinitas y que una niña no es menos femenina por no llorar y odiar los pintalabios. Esto, como todo, tiene que entenderlo el controvertido niño, y el resto de la gente. Que aún recuerdo el disgusto de mis padres cuando mi hermano se pintó las uñas…
En nuestro código genético, en nuestra naturaleza, no hay nada en principio que convierta a las mujeres en compradoras compulsivas de maquillaje ni que obligue a los hombres a no querer (o saber) hablar de sus sentimientos. Y estas características, tan clásicas, tan manidas… aún no están superadas, y persisten tanto en la percepción que tenemos de nosotros mismos cómo en las relaciones con los demás. La desviación del estereotipo es, además, socialmente penalizada (y no me meto ya con no ajustarse al canon de belleza…) por lo que ciertas virtudes, cómo la autonomía o la fuerza, pueden menoscabar la “feminidad” de alguien, o bien, algo tan fácil como llorar en una película, perjudicar la “imagen varonil” de un chico.
Llegados a este punto, no puedo estar más de acuerdo con la teoría expuesta y, por estas y otras razones, con la reivindicación del cuerpo, como parte integrante de nosotros, como cúmulo y receptor de experiencias, no separable de la “cultura” o de la “mente”. No obstante, y como suele sucederme, choco aquí con la evidencia de la transexualidad. De aquellas personas en las que el sexo con el que nacen, no se corresponden con el género que viven, o con el que se identifican a todos los niveles. Pensando en esto, que me parece un auténtico desafío para las teorías de género, dudo si es conveniente defender que el sexo, el cuerpo con el que nacemos, es aquel que define si somos hombres o mujeres. De hecho, siempre he defendido que la esperada correspondencia no debe actuar como una cárcel, y que una mujer puede sentirse y comportarse, ser percibida y relacionarse como mujer, sin necesidad de pasar por las dolorosas transiciones físicas que supone un cambio de sexo (si alguien pretende relajar esta concepción de las operaciones, que mire en que consisten y, lo peor, sus consecuencias. Podéis buscar por “micropene”) Baste recordar, en cuanto a correspondencias, aquello de “si eres una niña, te gustan los niños…”. Supuesta correspondencia que mucha gente, yo incluida, se pasa por el forro.
Defiendo, más por la ingenua teoría que por los casos que he conocido, que es preferible ser “transgenero”. Es decir, ser una mujer, o un hombre, sin necesidad de acomodar los genitales a tal etiqueta. Sin embargo, entenderéis mi confusión si nos planteamos, más allá de estereotipos, qué es “ser una mujer”. O qué es ser un hombre, lo mismo me da. Siendo el género una construcción social que, lógicamente, va cambiando con el tiempo (que ser mujer hace 100 años no era lo mismo que serlo ahora), me resulta difícil definirlo. Y no, no vale diferenciar entre personas que tienen la regla y personas que no, que si nos ponemos así entonces la menopausia nos convierte en seres asexuados.
Porque “ser mujer”, es algo que se aprende, y no solo interviene uno mismo, sino los demás, la pura interacción. No vale con que tu te manifiestes como mujer, sino que los demás han de tratarte cómo tal, reconocerte cómo mujer. Ya sabemos, que la educación y la socialización están unidas fuertemente al género y hay demasiadas cosas que están sexuadas.
Siendo así, podría decir que el cuerpo es el qué define si somos hombres o mujeres, salvo excepciones. Pero… ¿Qué define estas excepciones? Si no son mujeres por el cuerpo en qué nacieron (ni por cuestión de hormonas y procesos físico-químicos) lo son en función de… ¿de qué? ¿Lo son porque cuando eran pequeñas les gustaba jugar a las cocinitas y ahora se vuelven locas por una falda del Zara? Visto lo visto no. No pueden ser estas diferencias los criterios de distinción, puesto que una “mujer” puede no ajustarse en absoluto a los estereotipos generalmente aceptados, entendiendo por supuesto que estos cambian dependiendo de muchos factores cómo la cultura en la que creces (que los roles y las expectativas no son los mismos para una mujer de aquí, que para una esquimal, por poner un ejemplo fácil)
Tampoco podemos afirmar que son mujeres porque son más “sensibles” e “intuitivas” pues son virtudes asociadas a un estereotipo (limitado como digo a una generación, a una cultura, a un tiempo concreto…) y de las que no podemos, ni debemos, privar a los hombres (en el “desarrollo integral” de una persona, se incluye tanto la autonomía cómo la intuición y la sensibilidad, entre otros) Cómo digo, no hay nada, absolutamente nada, que nos haga nacer más capacitadas para cuidar a los niños y a los ancianos, o para llevar con soltura la parte emocional de una relación. Todo esto, es una preparación y un entrenamiento a conciencia, diario y que nunca se acaba. Una disciplina que quizás empezó con “que niña más dulce” y siguió con los regalos de bebes de plástico y cocinitas. Si hubiéramos jugado más al “Lego”, a lo mejor tendríamos, muchas de nosotras, mejor visión espacial. Y si le hubieramos pasado el "Nenuco" al vecinito del quinto, puede que enfermería o pedagogia no fueran "carreras de niñas".
Pero volviendo a mi pregunta, ¿Qué es ser una mujer? A lo mejor, no he tratado a fondo el tema de las hormonas, o bien es algo tan abstracto como un tipo de relación con los demás y con nosotros mismos… No lo se. La idea de excepción, referida a los transexuales, debe tener una base, una explicación de cual es el factor, no siendo el cuerpo, que les define como mujeres o como hombres. Qué es lo que hace que una niña que jugaba al fútbol de pequeña lo cuente, ya de adulta, como una anécdota curiosa, y otra lo presente como evidencia de que no estaba en el cuerpo correcto. Si se sentían mujeres, no habiendo nacido como tales, ¿qué es lo que sentían exactamente?
GÉNERO: Construcción social histórica y cultural de los seres humanos en función de su sexo desde su nacimiento.El género como construcción cultural, diferenciándolo del sexo como término relacionado con las características fisiológicas diferenciales de hombres y mujeres.
ESTEREOTIPOS DE GÉNERO: Ideas simplificadas, pero fuertemente asumidas, sobre las características de los varones y de las mujeres.
En un libro sobre sexismo y coeducación, resuelven la cuestión de los “estereotipos de género” afirmando que debemos evitar la dicotomía cuerpo – mente. No es útil, sino muy al contrario, negar la corporeidad de cada persona. Como resultado de esta fórmula, lo que distinguiría a los hombres y a las mujeres, es su cuerpo y, cómo resultado, el niño no debe sentir confusión alguna o vergüenza si decide pintarse las uñas o ponerse falda (algo tradicionalmente asociado a la mujer) ni ha de penalizar (excluir, insultar...) a una niña que lleva el pelo corto y es muy fuerte. Tanto para su desarrollo integral como para la relación de los demás, es necesario que se sientan cómodos en su cuerpo y que entiendan que uno no es "menos niño” por jugar a las cocinitas y que una niña no es menos femenina por no llorar y odiar los pintalabios. Esto, como todo, tiene que entenderlo el controvertido niño, y el resto de la gente. Que aún recuerdo el disgusto de mis padres cuando mi hermano se pintó las uñas…En nuestro código genético, en nuestra naturaleza, no hay nada en principio que convierta a las mujeres en compradoras compulsivas de maquillaje ni que obligue a los hombres a no querer (o saber) hablar de sus sentimientos. Y estas características, tan clásicas, tan manidas… aún no están superadas, y persisten tanto en la percepción que tenemos de nosotros mismos cómo en las relaciones con los demás. La desviación del estereotipo es, además, socialmente penalizada (y no me meto ya con no ajustarse al canon de belleza…) por lo que ciertas virtudes, cómo la autonomía o la fuerza, pueden menoscabar la “feminidad” de alguien, o bien, algo tan fácil como llorar en una película, perjudicar la “imagen varonil” de un chico.
Llegados a este punto, no puedo estar más de acuerdo con la teoría expuesta y, por estas y otras razones, con la reivindicación del cuerpo, como parte integrante de nosotros, como cúmulo y receptor de experiencias, no separable de la “cultura” o de la “mente”. No obstante, y como suele sucederme, choco aquí con la evidencia de la transexualidad. De aquellas personas en las que el sexo con el que nacen, no se corresponden con el género que viven, o con el que se identifican a todos los niveles. Pensando en esto, que me parece un auténtico desafío para las teorías de género, dudo si es conveniente defender que el sexo, el cuerpo con el que nacemos, es aquel que define si somos hombres o mujeres. De hecho, siempre he defendido que la esperada correspondencia no debe actuar como una cárcel, y que una mujer puede sentirse y comportarse, ser percibida y relacionarse como mujer, sin necesidad de pasar por las dolorosas transiciones físicas que supone un cambio de sexo (si alguien pretende relajar esta concepción de las operaciones, que mire en que consisten y, lo peor, sus consecuencias. Podéis buscar por “micropene”) Baste recordar, en cuanto a correspondencias, aquello de “si eres una niña, te gustan los niños…”. Supuesta correspondencia que mucha gente, yo incluida, se pasa por el forro.
Defiendo, más por la ingenua teoría que por los casos que he conocido, que es preferible ser “transgenero”. Es decir, ser una mujer, o un hombre, sin necesidad de acomodar los genitales a tal etiqueta. Sin embargo, entenderéis mi confusión si nos planteamos, más allá de estereotipos, qué es “ser una mujer”. O qué es ser un hombre, lo mismo me da. Siendo el género una construcción social que, lógicamente, va cambiando con el tiempo (que ser mujer hace 100 años no era lo mismo que serlo ahora), me resulta difícil definirlo. Y no, no vale diferenciar entre personas que tienen la regla y personas que no, que si nos ponemos así entonces la menopausia nos convierte en seres asexuados.
Porque “ser mujer”, es algo que se aprende, y no solo interviene uno mismo, sino los demás, la pura interacción. No vale con que tu te manifiestes como mujer, sino que los demás han de tratarte cómo tal, reconocerte cómo mujer. Ya sabemos, que la educación y la socialización están unidas fuertemente al género y hay demasiadas cosas que están sexuadas.
Siendo así, podría decir que el cuerpo es el qué define si somos hombres o mujeres, salvo excepciones. Pero… ¿Qué define estas excepciones? Si no son mujeres por el cuerpo en qué nacieron (ni por cuestión de hormonas y procesos físico-químicos) lo son en función de… ¿de qué? ¿Lo son porque cuando eran pequeñas les gustaba jugar a las cocinitas y ahora se vuelven locas por una falda del Zara? Visto lo visto no. No pueden ser estas diferencias los criterios de distinción, puesto que una “mujer” puede no ajustarse en absoluto a los estereotipos generalmente aceptados, entendiendo por supuesto que estos cambian dependiendo de muchos factores cómo la cultura en la que creces (que los roles y las expectativas no son los mismos para una mujer de aquí, que para una esquimal, por poner un ejemplo fácil)
Tampoco podemos afirmar que son mujeres porque son más “sensibles” e “intuitivas” pues son virtudes asociadas a un estereotipo (limitado como digo a una generación, a una cultura, a un tiempo concreto…) y de las que no podemos, ni debemos, privar a los hombres (en el “desarrollo integral” de una persona, se incluye tanto la autonomía cómo la intuición y la sensibilidad, entre otros) Cómo digo, no hay nada, absolutamente nada, que nos haga nacer más capacitadas para cuidar a los niños y a los ancianos, o para llevar con soltura la parte emocional de una relación. Todo esto, es una preparación y un entrenamiento a conciencia, diario y que nunca se acaba. Una disciplina que quizás empezó con “que niña más dulce” y siguió con los regalos de bebes de plástico y cocinitas. Si hubiéramos jugado más al “Lego”, a lo mejor tendríamos, muchas de nosotras, mejor visión espacial. Y si le hubieramos pasado el "Nenuco" al vecinito del quinto, puede que enfermería o pedagogia no fueran "carreras de niñas".
Pero volviendo a mi pregunta, ¿Qué es ser una mujer? A lo mejor, no he tratado a fondo el tema de las hormonas, o bien es algo tan abstracto como un tipo de relación con los demás y con nosotros mismos… No lo se. La idea de excepción, referida a los transexuales, debe tener una base, una explicación de cual es el factor, no siendo el cuerpo, que les define como mujeres o como hombres. Qué es lo que hace que una niña que jugaba al fútbol de pequeña lo cuente, ya de adulta, como una anécdota curiosa, y otra lo presente como evidencia de que no estaba en el cuerpo correcto. Si se sentían mujeres, no habiendo nacido como tales, ¿qué es lo que sentían exactamente?
viernes, 13 de julio de 2007
Expectativas
Por todos es sabido que, de las expectativas, pueden surgir resultados increibles o tremendas frustraciones.
Esta mañana, he ido a visitar otro piso. Y este, lejos de ser el horror que yo esperaba, era un digno hogar, muy luminoso, acogedor, con una cocina preciosa y nueva, y un salón que, aunque pequeño, disfrutaba de dos fantásticos balconcitos.
Lamentablemente, como Tirso y yo no somos pareja, nos ha decepcionado compobar que una de las habitaciones era pequeña, y la otra, diminuta. Tanto es así, que hemos dudado seriamente si una cama de 80 entraría. Además de la parquedad en metros, hay que contar con que las habitaciones eran trapezoidales, lo que viene a significar una perdida de metros que no podemos permitirnos.
Las condiciones de alquiler, no obstante, eran sorprendentemente buenas. El posible casero, hombre fornido y bajo, calvo y con todo el aspecto de haber sido en otro tiempo un luchador profesional de Presin Catch, se ha mostrado de lo más comprensivo cuando le hemos hablado de nuestros mierdi-contratos de Obra y Servicio. Tan sólo nos pedia el alquiler del mes en curso, por adelantado, y una fianza de un mes. Esto, que parece tan razonable, es cómo ya he comentado en más de una ocasión, algo completamente inusual. La mayoría de la gente te obliga a pagar varios meses por adelantado y a que firmes un papel donándole a tu primer hijo, cuando lo tengas.
Pero cómo digo, el hecho de que que no seamos pareja nos impide prescindir de una cama. No podemos pagar el alquiler de una habitación donde ni siquiera un pequeño camacho encontraría su lugar. Quizás... si a Tirso no le importara dormir en una amaca...
Lo cierto es que, tanto las amacas, como el alquiler de locales u oficinas, o la posibilidad de compartir cuarto, permanece aún en el terreno del Plan B. Cómo penúltima opción, por delante de alquilar una plaza de garaje.
Lo peor de esta encrucijada, que se resume en "Mas vale piso canijo en mano que ciento volando", es pensar que si pasamos del piso puede que la próxima semana, o las siguiente, no encontremos ningún otro. Y nos acercamos peligrosamente al abismo, al momento de crisis máxima que comienza con la primera semana de Agosto, cuando mi horario me hará imposible regresar a casa y tendré, por tanto, que empezar a acumular cartones, llevarme en el bolso un brik de vino, y tirarme en la calle más acogedora que encuentre.
Siendo así, no adivino cuanto tiempo podré mantener el susodicho empleo.
Estoy ya, al borde de un ataque de nervios.
Esta tarde, llendo a comprar papel higienico y tampones, me he planteado seriamente mientras hacía pucheros, comprarme una botella de vino. Terminármela en pocas horas, encerrada en casa y llorando a moco tendido, como Britget Jones o como la prota de una peli de las tres y media. Hasta ahí llega ya mi agotamiento mental y la frustración, la tristeza y la desesperanza que se está filtrando en todo lo que hago.
De verdad que no quiero que este blog se convierta en algo propio de una adolescente doliente, con largos monólogos sobre el sinsentido de la vida, con mucho "nadie me entiende" y con el melodrama por bandera. Yo quería, unicamente, un lugar para desvariar, para relajarme y escribir todas las tonterías que pasan por mi cabeza... que son casi infinitas.
Pero hoy, como ayer, y como todos estos días, no estoy de humor para aguntarme a mi misma y a mis chorradas de "paso de implicarme y hacer algo en serio porque así no corro el riesgo de cagarla".
Hoy estoy de lo más cansada.
Cómo colofón a este día, he ido a las 16:00 a ver otro piso. He esperado en la calle durante media hora disfrutando de la tempertura y el sol. Mi cerebro ahora parece un churrasco. La mujer que debía enseñarme el piso no ha aparecido y yo estaba con el movil sin batería. He arrastrado mi cuerpo sobre las chanclas, que se estaban fundiendo con el suelo. Buscaba un bar donde mis 70 céntimos me sirvieran para contactar con la mujer...
Pero la cabina no quería mi dinero, no era suficiente. La gente me miraba con lástima, porque he estado casi 15 minutos ( no es broma) echando dinero y recogiendoló. Lo mio es la perseverancia. No me hubiese estrañado si alguien, con buena intención, se hubiera acercado para decirme "... mira bonita, es que esto... no es la tragaperras".
Esta mañana, he ido a visitar otro piso. Y este, lejos de ser el horror que yo esperaba, era un digno hogar, muy luminoso, acogedor, con una cocina preciosa y nueva, y un salón que, aunque pequeño, disfrutaba de dos fantásticos balconcitos.
Lamentablemente, como Tirso y yo no somos pareja, nos ha decepcionado compobar que una de las habitaciones era pequeña, y la otra, diminuta. Tanto es así, que hemos dudado seriamente si una cama de 80 entraría. Además de la parquedad en metros, hay que contar con que las habitaciones eran trapezoidales, lo que viene a significar una perdida de metros que no podemos permitirnos.

Las condiciones de alquiler, no obstante, eran sorprendentemente buenas. El posible casero, hombre fornido y bajo, calvo y con todo el aspecto de haber sido en otro tiempo un luchador profesional de Presin Catch, se ha mostrado de lo más comprensivo cuando le hemos hablado de nuestros mierdi-contratos de Obra y Servicio. Tan sólo nos pedia el alquiler del mes en curso, por adelantado, y una fianza de un mes. Esto, que parece tan razonable, es cómo ya he comentado en más de una ocasión, algo completamente inusual. La mayoría de la gente te obliga a pagar varios meses por adelantado y a que firmes un papel donándole a tu primer hijo, cuando lo tengas.
Pero cómo digo, el hecho de que que no seamos pareja nos impide prescindir de una cama. No podemos pagar el alquiler de una habitación donde ni siquiera un pequeño camacho encontraría su lugar. Quizás... si a Tirso no le importara dormir en una amaca...
Lo cierto es que, tanto las amacas, como el alquiler de locales u oficinas, o la posibilidad de compartir cuarto, permanece aún en el terreno del Plan B. Cómo penúltima opción, por delante de alquilar una plaza de garaje.
Lo peor de esta encrucijada, que se resume en "Mas vale piso canijo en mano que ciento volando", es pensar que si pasamos del piso puede que la próxima semana, o las siguiente, no encontremos ningún otro. Y nos acercamos peligrosamente al abismo, al momento de crisis máxima que comienza con la primera semana de Agosto, cuando mi horario me hará imposible regresar a casa y tendré, por tanto, que empezar a acumular cartones, llevarme en el bolso un brik de vino, y tirarme en la calle más acogedora que encuentre.
Siendo así, no adivino cuanto tiempo podré mantener el susodicho empleo.
Estoy ya, al borde de un ataque de nervios.
Esta tarde, llendo a comprar papel higienico y tampones, me he planteado seriamente mientras hacía pucheros, comprarme una botella de vino. Terminármela en pocas horas, encerrada en casa y llorando a moco tendido, como Britget Jones o como la prota de una peli de las tres y media. Hasta ahí llega ya mi agotamiento mental y la frustración, la tristeza y la desesperanza que se está filtrando en todo lo que hago.
De verdad que no quiero que este blog se convierta en algo propio de una adolescente doliente, con largos monólogos sobre el sinsentido de la vida, con mucho "nadie me entiende" y con el melodrama por bandera. Yo quería, unicamente, un lugar para desvariar, para relajarme y escribir todas las tonterías que pasan por mi cabeza... que son casi infinitas.
Pero hoy, como ayer, y como todos estos días, no estoy de humor para aguntarme a mi misma y a mis chorradas de "paso de implicarme y hacer algo en serio porque así no corro el riesgo de cagarla".
Hoy estoy de lo más cansada.
Cómo colofón a este día, he ido a las 16:00 a ver otro piso. He esperado en la calle durante media hora disfrutando de la tempertura y el sol. Mi cerebro ahora parece un churrasco. La mujer que debía enseñarme el piso no ha aparecido y yo estaba con el movil sin batería. He arrastrado mi cuerpo sobre las chanclas, que se estaban fundiendo con el suelo. Buscaba un bar donde mis 70 céntimos me sirvieran para contactar con la mujer...
Pero la cabina no quería mi dinero, no era suficiente. La gente me miraba con lástima, porque he estado casi 15 minutos ( no es broma) echando dinero y recogiendoló. Lo mio es la perseverancia. No me hubiese estrañado si alguien, con buena intención, se hubiera acercado para decirme "... mira bonita, es que esto... no es la tragaperras".
viernes, 6 de julio de 2007
El Hombre de la Ortiga. (No es un relato romántico)
Bienvenidos a otro día en el infierno. O lo que es lo mismo: La Busqueda de un Hogar.
Por sorprendente que parezca, aún no me ha llamado nadie para ofrecerme un precioso piso en el centro, barato y espacioso. Nadie. Una ya no sabe que esperar de la vida...
De momento, me entretengo matando marcianos y supervillanos (lo de matar es relativo, que ya se sabe que luego hay muchas dimensiones alternativas...)
Ayer mismo, por ejemplo, estaba yo en el metro cuando vi que compartía vagón con un hombrecillo joven y con pinta de ingles, que llevaba una maceta en la mano. ¿Una maceta en el metro? Que truco más viejo... Está claro que lo hacía para desviar la atención de sus malignas intenciones. Inmediatamente, le lancé mi mirada más hosca y amenazante (lo que no es decir mucho, la verdad) El chico, sin notar apenas mi presencia, comenzó a hablar con una adorable mujer. Ella, sonriente y risueña (¿sonriente y risueña en un vagón lleno y sin aire acondicionado? Sospechoso…) le contaba al estupefacto villano “las virtudes” de la ortiga (¿infusión de ortiga? Puaggggg...)
En efecto, la siniestra planta era una Ortiga.
Y todo el mundo sabe que las virtudes de la ortiga se reducen a su capacidad para generar anécdotas vergonzosas, y nada más. Algo del tipo “… pues estaba yo en el campo y me tumbé en unas plantas muy monas...y luego parecía que me hubieran pasado por la lijadora” Vamos, que todo el mundo ha hecho alguna vez la gilipollez. Yo incluso decidí jugar a las comiditas (a las comiditas de comer, pervertidos) en el parque partiendo ortigas para hacer “Sopa”. Imaginaos el resultado... fue casi peor que cuando me picó en el pie un pez araña (parecía que me habían amputado la pierna o algo…) o que cuando, con mi natural agilidad, caí entre unas rocas llenas de erizos de mar (cada paso me adentraba más en el universo de los faquires...) o que cuando un insecto gigante, venido obviamente desde el espacio profundo, se infiltro en mi camiseta limpia y me atacó cuando me vestía. Un enorme bicharraco negro con un aguijón gigante enganchado en mi bracito... Fue dramático, un ataque por sorpresa y sin escrúpulo ninguno. ¡En la ropa limpia!! Mimosin nunca volverá a tener la misma credibilidad. Eso desde luego.

Total, que ahí estaba el supuesto inglés escuchando “atentamente” a la buena mujer. Como todos habéis supuesto ya, en realidad se trataba de un asqueroso (bulboso y gelatinoso y... goloso) alienígena invasor, infiltrado y disfrazado, que se estaba comunicando en clave con su contacto en La Tierra. (Por favor.... ¡una ortiga! Era tan obvio...)
Por sorprendente que parezca, aún no me ha llamado nadie para ofrecerme un precioso piso en el centro, barato y espacioso. Nadie. Una ya no sabe que esperar de la vida...
De momento, me entretengo matando marcianos y supervillanos (lo de matar es relativo, que ya se sabe que luego hay muchas dimensiones alternativas...)
Ayer mismo, por ejemplo, estaba yo en el metro cuando vi que compartía vagón con un hombrecillo joven y con pinta de ingles, que llevaba una maceta en la mano. ¿Una maceta en el metro? Que truco más viejo... Está claro que lo hacía para desviar la atención de sus malignas intenciones. Inmediatamente, le lancé mi mirada más hosca y amenazante (lo que no es decir mucho, la verdad) El chico, sin notar apenas mi presencia, comenzó a hablar con una adorable mujer. Ella, sonriente y risueña (¿sonriente y risueña en un vagón lleno y sin aire acondicionado? Sospechoso…) le contaba al estupefacto villano “las virtudes” de la ortiga (¿infusión de ortiga? Puaggggg...)
En efecto, la siniestra planta era una Ortiga.
Y todo el mundo sabe que las virtudes de la ortiga se reducen a su capacidad para generar anécdotas vergonzosas, y nada más. Algo del tipo “… pues estaba yo en el campo y me tumbé en unas plantas muy monas...y luego parecía que me hubieran pasado por la lijadora” Vamos, que todo el mundo ha hecho alguna vez la gilipollez. Yo incluso decidí jugar a las comiditas (a las comiditas de comer, pervertidos) en el parque partiendo ortigas para hacer “Sopa”. Imaginaos el resultado... fue casi peor que cuando me picó en el pie un pez araña (parecía que me habían amputado la pierna o algo…) o que cuando, con mi natural agilidad, caí entre unas rocas llenas de erizos de mar (cada paso me adentraba más en el universo de los faquires...) o que cuando un insecto gigante, venido obviamente desde el espacio profundo, se infiltro en mi camiseta limpia y me atacó cuando me vestía. Un enorme bicharraco negro con un aguijón gigante enganchado en mi bracito... Fue dramático, un ataque por sorpresa y sin escrúpulo ninguno. ¡En la ropa limpia!! Mimosin nunca volverá a tener la misma credibilidad. Eso desde luego.

Total, que ahí estaba el supuesto inglés escuchando “atentamente” a la buena mujer. Como todos habéis supuesto ya, en realidad se trataba de un asqueroso (bulboso y gelatinoso y... goloso) alienígena invasor, infiltrado y disfrazado, que se estaba comunicando en clave con su contacto en La Tierra. (Por favor.... ¡una ortiga! Era tan obvio...)
Por supuesto, yo en ese momento iba de incógnito y no llevaba mi supertraje, pero aún así me plantee sacar mi rayo láser casi mortal (que transforma el cerebro en Bob esponja) con silenciador incorporado. Pero no podía ser, pensé, llamaría mucho la atención un arma tan sofisticada…
Luego me plantee arrearle con uno de mis tacones, pero llevaba puestas (con todo el glamour del que soy capaz) una simples chanclas piscineras (auténtico plasticorri, oiga). Mis pies tardan siempre un tiempo en recuperarse de los días “súbete el ánimo pero no te aseguro como vas a acabar” Después, especulé que sería mejor en la cocina con el candelabro. Luego que con el puñal en la biblioteca…o con la cuerda en la sala de música. Al final, el ingenuo se bajó en la misma estación que yo, apenas sin gente. Sin testigos, y utilizando mi hipervelocidad, le di un empujoncito hacia la vía. Como quien no quiere la cosa.
Punto para mi, cero para los bulbosos.

Aparte de esto, he continuado la búsqueda de piso, con resultados nefastos. Mi empresa, Superhéroes S.A., se niega a facilitarme los papeles que necesito para que las instancias públicas me ayuden en la tarea. No quieren darme un papel firmado con sangre afirmando que, durante un año, me van a proporcionar el traje de superhéroe. Y tampoco un certificado de que, en apenas unas semanas, dirigiré mi propio equipo de heroicitos. Se niegan a colaborar con mi independencia.
Tirso, mi compañero, también parece bastante disgustado. Anoche me llamó para decirme que deberíamos asaltar la oficina de recursos humanos, laser en mano, y obtener por la fuerza los documentos. Sin rehenes, sin prisioneros. Sin piedad.
- La búsqueda de piso va fatal- me dice.
Y yo, ojiplática, claro. “¿Que va mal? Pues no me había dado ni cuenta…”
- ¿Me llamas para decirme eso? – le dije.
- Pues si.
- Ya…
En cualquier caso, agradecí infinito que él también se preocupase, y que me llamase tarde, cuando sabe que estoy sola y aburrida, y que se mostrara solidario. Gracias, amor.
Para terminar hoy, quisiera aclarar una cosilla que parece crear cierta confusión. Mi novia, Amparo, no es superheroina. Ya se sabe que liarse con alguien del trabajo trae luego problemas. En realidad, ella es miembro de un grupo bastante famosillo en determinados círculos y, evidentemente, Amparo no es su verdadero nombre sino su nombre artístico. El real, por motivos de seguridad, prefiero no divulgarlo.
Por cierto, si alguna de las afortunadas personas que me conoce desea que su nombre figure en este, mi blog, ruego me lo avise. Si no, los nombres aquí reflejados estarán siempre sujetos a la inventiva de la autora.
jueves, 5 de julio de 2007
Un Minuto Cuenta
A la 1:30 de la madrugada apago los complejos controles de mi Mierdibase Secreta para tomar el metro a la 1:32 h.
Voy muy justa, si.
Normalmente, un minuto antes ya estoy preparada. Además, bajo al andén prácticamente volando para poder llegar a tiempo. Pero hoy, HOY, el tiempo que siempre me juega malas pasadas, se ha adelantado. Ha sido más rápido que yo y no ha tenido ningún tipo escrúpulo, porque ya se sabe que el tiempo es cómo una princesa malcriada, caprichoso y egoísta.
Lo que quiero decir, es que el metro ha pasado un minuto antes de lo que debía. Tan sólo un minuto... Pero ha sido suficiente.

Preocupada, pero sin perder la esperanza (aún...), me he sentado con mi libro en el regazo para esperar al siguiente, y último, metro de la noche. El paso por mi estación es a la 1:40, lo que significa que me dará tiempo a trasbordar en Gran Vía. Sin embargo, en este día en concreto ha decidido retrasarse, exactamente, 2 minutos.
Cómo consecuencia de estas dos pequeñas e insignificantes migajas de tiempo, he perdido el metro que debo tomar en Gran Vía a las 2:00 en punto de la mañana y me he visto obligada a esperar el siguiente.
En Gran Vía es donde enlazo con la línea 5, que realiza parada en Ciudad Lineal.
En este punto, he pasado de "Adorablemente inquieta" a "Me falta un pelo para ponerme Histérica". Mi autobús sale a las 2:25. y el conductor nunca espera.
A las 2:23 estaba subiendo a toda prisa, cual cenicienta a punto de convertirse en una calabaza, los escalones de acceso a la calle. He levantado la vista para ver el inmenso y poderoso reloj encima de mi. Marcaba las 2:24. En apenas segundos he calculado si en un minuto podría recorrer la distancia que me separaba del autobús (seguro que si) Y casi en el instante siguiente, he mirado al frente y he visto El Vacío. La nada, la más absoluta ausencia de todo lo que importa... es decir, de mi autobús.
Se había ido. Se ha ido un minuto antes.
Estupefacta, y dolida por la traición, he mirado de nuevo al reloj y luego al hueco donde una vez hubo una lata con ruedas y los parroquianos habituales formando una deshecha cola. No lo entiendo, es imposible... me he dicho a mi misma varias veces.
Me he encendido el penúltimo cigarro y he dirigido mis pasos hasta el cajero. Miraba a todas partes temerosa de un atraco, una violación o un atropello... porque con las prisas he cruzado con el semáforo en rojo.
Con el dinero ya en la cartera, me he acercado a la carretera buscando una alternativa. Y cómo en un ritual antiguo, yo he levantado el brazo al ver el taxi y él se ha parado.
Pero se ha parado lejos. "¿No puede venir hasta aquí? Joder!! Entonces iré yo... " Y me he acercado con pasos torpes murmurando todos los insultos que me venían a la cabeza.
Cuando he querido abrir la puerta estaba cerrada, y el taxista me miraba horrorizado tirar del manillar cada vez con más saña. Le miro confusa y me dice que "No" con el dedo. Le pregunto, también con gestos y la cara pegada al cristal de la ventana, si no piensa llevarme (¿pero esto no es un puto taxi???) De nuevo con gestos, me contesta reafirmándose, me dice que ni de coña, que parezco una tarada, así, cargada de bolsas, con los ojos inyectados en sangre, el pelo revuelto y las chanclas piscineras, acosando a un indefenso taxista ( todo esto lo vi clarísimamente en sus ojos)
Me pongo a pensar en cosas que hacer si intuyo una situación de peligro... No se me ocurre ninguna. Entonces se me ocurre sacar el móvil en para decirle al taxista psicópata (de forma indirecta, por supuesto) algo cómo "Mira, soy una chica moderna y con móvil. Con amigos que, además, me están esperando ahora... y si me llevas a un descampado para descuartizarme y meterme luego en la trituradora de carne picada, posiblemente notarán mi ausencia"
Lo del móvil no funciono. Porque a mi estas cosas nunca me funcionan y el móvil, a mala hostia, va y se apaga. Se queda sin batería y yo sin el único medio de pedir auxilio en caso de encontrarme, de repente, en una peli de miedo ( menos mal que aún no me he teñido de rubia...)
Finalmente el taxista, que ha resultado ser un buen hombre que ejercita sus taras mentales y variados traumas en la intimidad (cómo cada hijo de vecino) me ha dejado en casa.
Ahora estoy a salvo, aunque soy un poco más pobre.
Voy muy justa, si.
Normalmente, un minuto antes ya estoy preparada. Además, bajo al andén prácticamente volando para poder llegar a tiempo. Pero hoy, HOY, el tiempo que siempre me juega malas pasadas, se ha adelantado. Ha sido más rápido que yo y no ha tenido ningún tipo escrúpulo, porque ya se sabe que el tiempo es cómo una princesa malcriada, caprichoso y egoísta.
Lo que quiero decir, es que el metro ha pasado un minuto antes de lo que debía. Tan sólo un minuto... Pero ha sido suficiente.

Preocupada, pero sin perder la esperanza (aún...), me he sentado con mi libro en el regazo para esperar al siguiente, y último, metro de la noche. El paso por mi estación es a la 1:40, lo que significa que me dará tiempo a trasbordar en Gran Vía. Sin embargo, en este día en concreto ha decidido retrasarse, exactamente, 2 minutos.
Cómo consecuencia de estas dos pequeñas e insignificantes migajas de tiempo, he perdido el metro que debo tomar en Gran Vía a las 2:00 en punto de la mañana y me he visto obligada a esperar el siguiente.
En Gran Vía es donde enlazo con la línea 5, que realiza parada en Ciudad Lineal.
En este punto, he pasado de "Adorablemente inquieta" a "Me falta un pelo para ponerme Histérica". Mi autobús sale a las 2:25. y el conductor nunca espera.
A las 2:23 estaba subiendo a toda prisa, cual cenicienta a punto de convertirse en una calabaza, los escalones de acceso a la calle. He levantado la vista para ver el inmenso y poderoso reloj encima de mi. Marcaba las 2:24. En apenas segundos he calculado si en un minuto podría recorrer la distancia que me separaba del autobús (seguro que si) Y casi en el instante siguiente, he mirado al frente y he visto El Vacío. La nada, la más absoluta ausencia de todo lo que importa... es decir, de mi autobús.
Se había ido. Se ha ido un minuto antes.
Estupefacta, y dolida por la traición, he mirado de nuevo al reloj y luego al hueco donde una vez hubo una lata con ruedas y los parroquianos habituales formando una deshecha cola. No lo entiendo, es imposible... me he dicho a mi misma varias veces.
Me he encendido el penúltimo cigarro y he dirigido mis pasos hasta el cajero. Miraba a todas partes temerosa de un atraco, una violación o un atropello... porque con las prisas he cruzado con el semáforo en rojo.
Con el dinero ya en la cartera, me he acercado a la carretera buscando una alternativa. Y cómo en un ritual antiguo, yo he levantado el brazo al ver el taxi y él se ha parado.
Pero se ha parado lejos. "¿No puede venir hasta aquí? Joder!! Entonces iré yo... " Y me he acercado con pasos torpes murmurando todos los insultos que me venían a la cabeza.
Cuando he querido abrir la puerta estaba cerrada, y el taxista me miraba horrorizado tirar del manillar cada vez con más saña. Le miro confusa y me dice que "No" con el dedo. Le pregunto, también con gestos y la cara pegada al cristal de la ventana, si no piensa llevarme (¿pero esto no es un puto taxi???) De nuevo con gestos, me contesta reafirmándose, me dice que ni de coña, que parezco una tarada, así, cargada de bolsas, con los ojos inyectados en sangre, el pelo revuelto y las chanclas piscineras, acosando a un indefenso taxista ( todo esto lo vi clarísimamente en sus ojos)
Con la rapidez mental que me caracteriza, he visualizado varias opciones:
a) Isi, cariño, estás tan cansada que has confundido un coche normal con un taxi...
b) Es un maldito villano que te ha reconocido y no quiere que le asocien con los buenos.
c) Vas a quedarte aquí toooooooda la noche... sola, pasando frío.... Como la cerillera del cuento.
d) ¿Que pasaría si, en este instante, le escupo en su elitista y puñetero cristal?
Me pongo a pensar en cosas que hacer si intuyo una situación de peligro... No se me ocurre ninguna. Entonces se me ocurre sacar el móvil en para decirle al taxista psicópata (de forma indirecta, por supuesto) algo cómo "Mira, soy una chica moderna y con móvil. Con amigos que, además, me están esperando ahora... y si me llevas a un descampado para descuartizarme y meterme luego en la trituradora de carne picada, posiblemente notarán mi ausencia"
Lo del móvil no funciono. Porque a mi estas cosas nunca me funcionan y el móvil, a mala hostia, va y se apaga. Se queda sin batería y yo sin el único medio de pedir auxilio en caso de encontrarme, de repente, en una peli de miedo ( menos mal que aún no me he teñido de rubia...)
Finalmente el taxista, que ha resultado ser un buen hombre que ejercita sus taras mentales y variados traumas en la intimidad (cómo cada hijo de vecino) me ha dejado en casa.
Ahora estoy a salvo, aunque soy un poco más pobre.
jueves, 28 de junio de 2007
El mejor momento de llevar tacones es cuando por fin te los quitas.
A ver, el resumen informativo de estos días.
Bueno... ¿ cómo empezar? por lo tacones, of course. Pues el jueves me puse tacones (rojos y de charol, para más datos) con toda la intención de pasármelo bien, estar irresistible y de buen humor. Pretendía así recuperarme del leve bajon emocional que estaba sufriendo. He de decir, que los tacones no sirvieron para nada, ni para ser irresistible (casi actuaron como un repelente) ni para pasármelo bien. Acabé discutiendo con mi futuro ocmpañero de piso y volviendo a casa más jodida de lo que estaba. Que día... Si lo se me quedo en casa.
La discusión ocupo gran parte de los pensamientos de los días siguientes, en mi cabeza, claro, porque seguro que él ni pensó en mi ( hombres!!!) Al final, se zanjó con lo típico de "todo ha sido un malentendido" y la crisis se ha dado por superada.
En cuanto a los pisos, baste decir que visitamos uno enano y que la gente nos esquiva. Cuando suena el teléfono y ven que somos nosotros, se parten de risa y nos ignoran. "Estos pringados..." piensan, "ni de coña les vamos a enseñar el piso. Cuanta ingenuidad hay en el mundo..."
Y así, nuestra búsqueda se prolonga hasta el infinito y es más dificil ver el final que dejar de fumar.
Pero no todos son malas noticias. Uno de mis mejores amigos se ha quedado libre. Un chico guapo e inteligente, que a mi me tiene loca, ya no tiene novio. El novio (ahora ex-novio) carecía, pobrecillo, de las habilidades necesarias para convivir con alguien tan fantástico. Reconozco que yo también me hubiera sentido un poco insegura con un hombre así, tan deseado y tan maravilloso. Siempre pensando que me lo van a quitar, siempre buscando oportunidades para comérmelo a besos, viendo cómo los demás admiran sun anchas espaldas y su sonrisa de niño bueno... ¡ Y está taaaaaaaaan sexy cuando se pone serio y se enfada!
Y lo digo con conocimiento, que soy su alumna y cuando no llevo los deberes levanta la ceja y... madre mía, ¡que guapo que está!
Como actualmente tengo novia y solamente le tiro los trastos a algunos amigos, no podré aprovechar la oportunidad de ligar con este soltero de oro. No obstante, si alguien está interesado o interesada, puede contactar conmigo y, si doy el visto bueno, se lo presento. Abstenerse tarados y personas con baja autoestima. Gracias.
Bueno... ¿ cómo empezar? por lo tacones, of course. Pues el jueves me puse tacones (rojos y de charol, para más datos) con toda la intención de pasármelo bien, estar irresistible y de buen humor. Pretendía así recuperarme del leve bajon emocional que estaba sufriendo. He de decir, que los tacones no sirvieron para nada, ni para ser irresistible (casi actuaron como un repelente) ni para pasármelo bien. Acabé discutiendo con mi futuro ocmpañero de piso y volviendo a casa más jodida de lo que estaba. Que día... Si lo se me quedo en casa.
La discusión ocupo gran parte de los pensamientos de los días siguientes, en mi cabeza, claro, porque seguro que él ni pensó en mi ( hombres!!!) Al final, se zanjó con lo típico de "todo ha sido un malentendido" y la crisis se ha dado por superada.
En cuanto a los pisos, baste decir que visitamos uno enano y que la gente nos esquiva. Cuando suena el teléfono y ven que somos nosotros, se parten de risa y nos ignoran. "Estos pringados..." piensan, "ni de coña les vamos a enseñar el piso. Cuanta ingenuidad hay en el mundo..."
Y así, nuestra búsqueda se prolonga hasta el infinito y es más dificil ver el final que dejar de fumar.
Pero no todos son malas noticias. Uno de mis mejores amigos se ha quedado libre. Un chico guapo e inteligente, que a mi me tiene loca, ya no tiene novio. El novio (ahora ex-novio) carecía, pobrecillo, de las habilidades necesarias para convivir con alguien tan fantástico. Reconozco que yo también me hubiera sentido un poco insegura con un hombre así, tan deseado y tan maravilloso. Siempre pensando que me lo van a quitar, siempre buscando oportunidades para comérmelo a besos, viendo cómo los demás admiran sun anchas espaldas y su sonrisa de niño bueno... ¡ Y está taaaaaaaaan sexy cuando se pone serio y se enfada!
Y lo digo con conocimiento, que soy su alumna y cuando no llevo los deberes levanta la ceja y... madre mía, ¡que guapo que está!
Como actualmente tengo novia y solamente le tiro los trastos a algunos amigos, no podré aprovechar la oportunidad de ligar con este soltero de oro. No obstante, si alguien está interesado o interesada, puede contactar conmigo y, si doy el visto bueno, se lo presento. Abstenerse tarados y personas con baja autoestima. Gracias.
jueves, 21 de junio de 2007
Receta tonta para estar mejor

El otro día hablaba con mi novia, Amparo, sobre los Problemas de Autoestima. Le comentaba que llevaba dos días bastante deprimidilla y que era, en mi opinión, por puro agotamiento. Ella no me tomó demasiado en serio al principio. Creo que porque empecé mi perorata hablándole de un artículo que acababa de ver en el “Que” (publicación gratuita) sobre el “estrés emocional”. Así que no la culpo. Madre mía, ¡un periodicucho sensacionalista! Lo cutre que soy a veces…
Le expliqué que había demasiadas cosas que me causaban ansiedad (ella no estaba incluida en el paquete, que conste) y que, cómo consecuencia directa, estaba triste y nerviosa. Y cuando estoy “así”, las inseguridades empiezan a fluir por mi organismo cómo un veneno. Rápidamente, me siento cómo una seta. Hundida en el suelo y con la cabeza llena de tierra, tanta que no me deja pensar con claridad.
Todo el mundo tiene inseguridades, eso está claro. Y se encuentra defectos… es evidente, y además saludable. Lo cierto es que la adolescencia sirve para aprender a manejar esas inseguridades en previsión de una supuesta madurez llena de frustraciones. Aprendes a utilizarlas cómo motor de cambio o bien a neutralizarlas cómo los pensamientos irracionales que son. Cuando una ya es adulta puede controlarlas, y yo lo hago. Casi siempre. Cuando estoy agotada y triste (y no es muy a menudo) me cuesta mucho no ceder ante el dulce impulso de la autocompasión y la pasividad. Las inseguridades se convierten en problemas reales cuando te impiden hacer cosas. Cuando no aceptas un trabajo porque temes no ser suficientemente inteligente, cuando no te lanzas a ligar con alguien por dudar de tu físico o cuando te apetece salir a bailar pero no lo haces porque sabes que naciste con las aletas puestas. Ser consciente de las limitaciones nos vuelve prudentes pero el miedo nos bloquea. Y yo odio, odio, odio…a Peter Pan. Y odio no hacer las cosas sólo porque siento miedo o por pura inseguridad. Porque cuando te das cuenta… ¡joder! eso si que fastidia. Eres débil y ñoña, y la has cagado porque estabas acojonada. Así pues, con mi alma de argentina, hago continuos trabajos de introspección, reflexión, documentación y, en definitiva, me miro el ombligo. Todo para detectar lo que no me gusta de mí. Y en caso de que no pueda cambiarlo, evitar que se conviertan en frenos irracionales. Normalmente, como he dicho, lo hago bastante bien.
Pero ayer no, y anteayer tampoco. Y hoy seguía descendiendo hasta que me he puesto a pensar en “cosas que hacen que me sienta mejor”. Y no, no es nada relacionado con el olor de la hierba mojada, ni con sujetar una bola de luz ni con dar gracias por estar viva.
Es mucho más simple. Tacones. Siiiiiiiii… porque a mi lo que me hace feliz es arreglarme y llevar tacones y un vestido bonito. Quedar en un sitio o, mejor aún, que me vengan a recoger para ir a la ópera y después comentarla cenando en un restaurante precioso y suuuuperpijo. Me encanta arreglarme: darme un largo baño caliente de esos para los que nunca tengo tiempo, un baño que incluya mascarilla para el pelo y loción hidratante para el cuerpo. Y no vale aftersun, tiene que ser algo que huela a lavanda o a jazmín o a…a…a flor bonita. Luego maquillarme, convirtiéndome así en supermodelo. Puedo asegurar que aunque en un día normal ni me miraríais (o si, pero por las pintas zarrapastrosas y las ojeras), tras una hora de chapa y pintura estoy bastante presentable. Valla, que estoy guapísima. Quien afirme que una mujer está más guapa al natural, miente o es idiota.
Pero por donde iba…vale, ya. Después hay que vestirse con algo absolutamente deslumbrante que me convertirá, mágicamente, en una mujer esbelta y sofisticada. Y creo, puestos a pedir, que la velada debería incluir un regalo. Las cosas son así, los regalos y las sorpresas me ponen contenta. Sonrío y doy brinquitos que a mi me parecen graciosos y al resto ridículos.
Y debe ser una noche de verano, porque no soporto el frío. En cuanto bajan las temperaturas me pongo de mal humor, refunfuño, gruño y me quejo por todo, porque mi máxima es: “quéjate, que es gratis”. Y en esta noche perfecta, la ciudad debería ser Madrid (soy una persona razonable, no pido…Roma, por ejemplo), u otra igualmente preciosa y con glamour. Una ciudad llena de vida, luces, colores, variedad y cosas curiosas. Una ciudad donde cojas el metro y te encuentres una mariquita en el vagón, dando un paseo para llegar al retiro (mariquita, nunca te olvidaré) Pero sólo en la zona de antiguos e imponentes edificios, donde todo el mundo a mi alrededor se sienta feliz (vale, aquí ya soy menos razonable). Por último, aunque no menos importante, no debe haber nada cutre ni vulgar. Y ya está, en realidad no es tan difícil. Con sólo imaginar esa noche maravillosa, empiezo a ser de nuevo una persona jovial e ilusionada, con ganas de hacer cosas. ¿Parezco superficial? Bueno… he sido un musgo y una seta. Creo que puedo permitírmelo.
Le expliqué que había demasiadas cosas que me causaban ansiedad (ella no estaba incluida en el paquete, que conste) y que, cómo consecuencia directa, estaba triste y nerviosa. Y cuando estoy “así”, las inseguridades empiezan a fluir por mi organismo cómo un veneno. Rápidamente, me siento cómo una seta. Hundida en el suelo y con la cabeza llena de tierra, tanta que no me deja pensar con claridad.
Todo el mundo tiene inseguridades, eso está claro. Y se encuentra defectos… es evidente, y además saludable. Lo cierto es que la adolescencia sirve para aprender a manejar esas inseguridades en previsión de una supuesta madurez llena de frustraciones. Aprendes a utilizarlas cómo motor de cambio o bien a neutralizarlas cómo los pensamientos irracionales que son. Cuando una ya es adulta puede controlarlas, y yo lo hago. Casi siempre. Cuando estoy agotada y triste (y no es muy a menudo) me cuesta mucho no ceder ante el dulce impulso de la autocompasión y la pasividad. Las inseguridades se convierten en problemas reales cuando te impiden hacer cosas. Cuando no aceptas un trabajo porque temes no ser suficientemente inteligente, cuando no te lanzas a ligar con alguien por dudar de tu físico o cuando te apetece salir a bailar pero no lo haces porque sabes que naciste con las aletas puestas. Ser consciente de las limitaciones nos vuelve prudentes pero el miedo nos bloquea. Y yo odio, odio, odio…a Peter Pan. Y odio no hacer las cosas sólo porque siento miedo o por pura inseguridad. Porque cuando te das cuenta… ¡joder! eso si que fastidia. Eres débil y ñoña, y la has cagado porque estabas acojonada. Así pues, con mi alma de argentina, hago continuos trabajos de introspección, reflexión, documentación y, en definitiva, me miro el ombligo. Todo para detectar lo que no me gusta de mí. Y en caso de que no pueda cambiarlo, evitar que se conviertan en frenos irracionales. Normalmente, como he dicho, lo hago bastante bien.
Pero ayer no, y anteayer tampoco. Y hoy seguía descendiendo hasta que me he puesto a pensar en “cosas que hacen que me sienta mejor”. Y no, no es nada relacionado con el olor de la hierba mojada, ni con sujetar una bola de luz ni con dar gracias por estar viva.
Es mucho más simple. Tacones. Siiiiiiiii… porque a mi lo que me hace feliz es arreglarme y llevar tacones y un vestido bonito. Quedar en un sitio o, mejor aún, que me vengan a recoger para ir a la ópera y después comentarla cenando en un restaurante precioso y suuuuperpijo. Me encanta arreglarme: darme un largo baño caliente de esos para los que nunca tengo tiempo, un baño que incluya mascarilla para el pelo y loción hidratante para el cuerpo. Y no vale aftersun, tiene que ser algo que huela a lavanda o a jazmín o a…a…a flor bonita. Luego maquillarme, convirtiéndome así en supermodelo. Puedo asegurar que aunque en un día normal ni me miraríais (o si, pero por las pintas zarrapastrosas y las ojeras), tras una hora de chapa y pintura estoy bastante presentable. Valla, que estoy guapísima. Quien afirme que una mujer está más guapa al natural, miente o es idiota.
Pero por donde iba…vale, ya. Después hay que vestirse con algo absolutamente deslumbrante que me convertirá, mágicamente, en una mujer esbelta y sofisticada. Y creo, puestos a pedir, que la velada debería incluir un regalo. Las cosas son así, los regalos y las sorpresas me ponen contenta. Sonrío y doy brinquitos que a mi me parecen graciosos y al resto ridículos.
Y debe ser una noche de verano, porque no soporto el frío. En cuanto bajan las temperaturas me pongo de mal humor, refunfuño, gruño y me quejo por todo, porque mi máxima es: “quéjate, que es gratis”. Y en esta noche perfecta, la ciudad debería ser Madrid (soy una persona razonable, no pido…Roma, por ejemplo), u otra igualmente preciosa y con glamour. Una ciudad llena de vida, luces, colores, variedad y cosas curiosas. Una ciudad donde cojas el metro y te encuentres una mariquita en el vagón, dando un paseo para llegar al retiro (mariquita, nunca te olvidaré) Pero sólo en la zona de antiguos e imponentes edificios, donde todo el mundo a mi alrededor se sienta feliz (vale, aquí ya soy menos razonable). Por último, aunque no menos importante, no debe haber nada cutre ni vulgar. Y ya está, en realidad no es tan difícil. Con sólo imaginar esa noche maravillosa, empiezo a ser de nuevo una persona jovial e ilusionada, con ganas de hacer cosas. ¿Parezco superficial? Bueno… he sido un musgo y una seta. Creo que puedo permitírmelo.
miércoles, 20 de junio de 2007
Un mal día
Ayer anularon la cita que tenía para ver un piso cuando ya estaba de camino. Llamé para confirmar y me explicaron que estaba alquilado.
Decepcionada, compré el Segunda Mano y pasé el resto del día llamando a posibles caseros. Sólo una pausa:
Recorrí toda la calle Velázquez bajo el sol de las 14:30 h. Caminamos durante siglos para ver un piso que, milagro, SI podían enseñarnos esa misma mañana. Resultó ser pequeño y cutre. La propietaria era rubia oxigenada y tenía la piel naranja de rayos uva. Se adornaba con un traje blanco y un collar de perlas gigantes. No paraba de decir que el piso tenía mucha luz, que se lo había enseñado esa misma mañana a 14 personas, y que todas estaban ya buscando el cuerno de un unicornio dorado. La primera pareja que lo encontrase optaría al piso y tendría la oportunidad de ofrecerle a naranjito lo siguiente:
- Dos meses de fianza (1740 euros)
- un aval de un año (10440 euros)
- los trámites del aval (150 euros)
- un seguro de hogar obligatorio (120 euros)
- una señal de 600 euros. - ver mi cara en aquel momento… no tiene precio.
Odié el puñetero piso. Cuando le dijimos que no éramos pareja sugirió que uno durmiera en el salón y el otro en la habitación de matrimonio (¿?) Hasta ella se daba cuenta de que la otra habitación, “la del bebé” antes de decepcionarla, sólo servía para guardar una fregona (o un bebé pequeñísimo)
Nos fuimos a la base de superhéroes, mi lugar de trabajo. Una vez allí y empecé a llamar, y llamar y llamar… y llamar. No, no puedo verlo por la tarde. No, mi compañero no es mi novio, no, no me parece raro vivir con un amigo, si, soy ordenada, si, ahora vivo con mis padres, si, somos gente seria, si, puedo visitarlo el viernes a las 9 de la noche, claro, un aval de un año… si, soy heterosexual y católica prácticante, por supuesto que llevaré mis últimas pruebas médicas a ver el piso, si, de verdad que soy virgen, y muda, nunca hago ningún ruido…
He conseguido 4 citas para el viernes. Y uno de los pisos tiene solo 30 metros. Estoy convencida de que para cuando valla a verlos ya estarán alquilados casi todos, salvo aquel en el que intenten drogarnos para vender nuestros órganos. No, no me siento optimista. De hecho mi estado de animo respecto a todo me sitúa hoy en la categoría de musgo. Está demasiado abajo para que le llegue bien la luz.
Decepcionada, compré el Segunda Mano y pasé el resto del día llamando a posibles caseros. Sólo una pausa:
Recorrí toda la calle Velázquez bajo el sol de las 14:30 h. Caminamos durante siglos para ver un piso que, milagro, SI podían enseñarnos esa misma mañana. Resultó ser pequeño y cutre. La propietaria era rubia oxigenada y tenía la piel naranja de rayos uva. Se adornaba con un traje blanco y un collar de perlas gigantes. No paraba de decir que el piso tenía mucha luz, que se lo había enseñado esa misma mañana a 14 personas, y que todas estaban ya buscando el cuerno de un unicornio dorado. La primera pareja que lo encontrase optaría al piso y tendría la oportunidad de ofrecerle a naranjito lo siguiente:
- Dos meses de fianza (1740 euros)
- un aval de un año (10440 euros)
- los trámites del aval (150 euros)
- un seguro de hogar obligatorio (120 euros)
- una señal de 600 euros. - ver mi cara en aquel momento… no tiene precio.
Odié el puñetero piso. Cuando le dijimos que no éramos pareja sugirió que uno durmiera en el salón y el otro en la habitación de matrimonio (¿?) Hasta ella se daba cuenta de que la otra habitación, “la del bebé” antes de decepcionarla, sólo servía para guardar una fregona (o un bebé pequeñísimo)
Nos fuimos a la base de superhéroes, mi lugar de trabajo. Una vez allí y empecé a llamar, y llamar y llamar… y llamar. No, no puedo verlo por la tarde. No, mi compañero no es mi novio, no, no me parece raro vivir con un amigo, si, soy ordenada, si, ahora vivo con mis padres, si, somos gente seria, si, puedo visitarlo el viernes a las 9 de la noche, claro, un aval de un año… si, soy heterosexual y católica prácticante, por supuesto que llevaré mis últimas pruebas médicas a ver el piso, si, de verdad que soy virgen, y muda, nunca hago ningún ruido…
He conseguido 4 citas para el viernes. Y uno de los pisos tiene solo 30 metros. Estoy convencida de que para cuando valla a verlos ya estarán alquilados casi todos, salvo aquel en el que intenten drogarnos para vender nuestros órganos. No, no me siento optimista. De hecho mi estado de animo respecto a todo me sitúa hoy en la categoría de musgo. Está demasiado abajo para que le llegue bien la luz.
domingo, 17 de junio de 2007
No soy nada discreta...

Bueno, bueno.... Acabo de quedarme ojiplática al descubrir que TENGO COMENTARIOS EN MI BLOG!!
Probablemente esté relacionado con haberles contado lo de mi blog a mis amigos, y que sean estos los que han escrito... pero igualmente me hace ilusión. No se me da bien hacerme la interesante y adoptar una actitud indiferente (...de esas que tanto admiro)
¡Viva! viva!!!!! tengo comentarios, alguien lee mi blog!!
Les hable de mi retoño el mismo día que nació, pero ya por la noche, tomando unas cervecitas. No fui capaz de conducirme con discreción... tenía que contarle a alguien la novedad. Como una niña pequeña, interrumpí una conversación diciendo "¿ A qué no sabéis que he hecho?!!" Se mostraron ligeramente sorprendidos (aunque no correspondieron mi entusiasmo infantil...rancios) y me hicieron las preguntas de rigor:
Ellos: ¿y cómo se llama?
Yo: "1984...porque era el año del futuro". Pero tenéis que buscarlo por "porque lo era" ya que no me dejaban poner el título en la dirección. La opción que me ofrecían era " El Ano del Futuro" y me pareció demasiado intimista para ser mi primer blog.
"¿Y qué plantilla has elegido?
"La de todo el mundo" dijo alguien. "LA NEGRA..." dijeron todos al unísono. Empecé a desanimarme.
Ellos: y los títulos en verde, ¿no?
Yo: Noooooooooo... (SI, definitivamente si)
Me desanimé a un más.
Ellos: ¿y cómo se llama tu primera entrada? "
Yo: ....se llama...."Mi Primera Entrada" .
Ellos: Ya...muy original...
Probablemente esté relacionado con haberles contado lo de mi blog a mis amigos, y que sean estos los que han escrito... pero igualmente me hace ilusión. No se me da bien hacerme la interesante y adoptar una actitud indiferente (...de esas que tanto admiro)
¡Viva! viva!!!!! tengo comentarios, alguien lee mi blog!!
Les hable de mi retoño el mismo día que nació, pero ya por la noche, tomando unas cervecitas. No fui capaz de conducirme con discreción... tenía que contarle a alguien la novedad. Como una niña pequeña, interrumpí una conversación diciendo "¿ A qué no sabéis que he hecho?!!" Se mostraron ligeramente sorprendidos (aunque no correspondieron mi entusiasmo infantil...rancios) y me hicieron las preguntas de rigor:
Ellos: ¿y cómo se llama?
Yo: "1984...porque era el año del futuro". Pero tenéis que buscarlo por "porque lo era" ya que no me dejaban poner el título en la dirección. La opción que me ofrecían era " El Ano del Futuro" y me pareció demasiado intimista para ser mi primer blog.
"¿Y qué plantilla has elegido?
"La de todo el mundo" dijo alguien. "LA NEGRA..." dijeron todos al unísono. Empecé a desanimarme.
Ellos: y los títulos en verde, ¿no?
Yo: Noooooooooo... (SI, definitivamente si)
Me desanimé a un más.
Ellos: ¿y cómo se llama tu primera entrada? "
Yo: ....se llama...."Mi Primera Entrada" .
Ellos: Ya...muy original...
Bueno, no se puede crear a gusto de todos. Pero es genial descubrir que han entrado y han puesto comentarios. ¡Alguien lee mi blog!!!
Sois más majos...
Y ahora, la explicación del título del blog, que cómo "Sorpresa" sería un poco cutre:
Desde pequeña he leído unos comics de Ciencia Ficción que se llamaban 1984. Una especie de revista con relatos - comics cortos y futuristas que siempre me ha encantado. Cuando le pregunté a mi padre porque se llamaban "1984" siendo este un año que, obviamente, no tenia nada que ver con naves espaciales y mundos postapocalípticos, me explicó que era un año en que se suponía estaríamos en "el futuro". Cómo cuando de pequeños pensábamos que en el 2001 iríamos montados en patinetes voladores... Y ya ves.
En cuanto aprenda a insertar imágenes pondré un foto de alguna de sus portadas. Eran geniales... Los que aún no sepáis de que hablo quedaréis maravillados y maravilladas.
Desde pequeña he leído unos comics de Ciencia Ficción que se llamaban 1984. Una especie de revista con relatos - comics cortos y futuristas que siempre me ha encantado. Cuando le pregunté a mi padre porque se llamaban "1984" siendo este un año que, obviamente, no tenia nada que ver con naves espaciales y mundos postapocalípticos, me explicó que era un año en que se suponía estaríamos en "el futuro". Cómo cuando de pequeños pensábamos que en el 2001 iríamos montados en patinetes voladores... Y ya ves.
En cuanto aprenda a insertar imágenes pondré un foto de alguna de sus portadas. Eran geniales... Los que aún no sepáis de que hablo quedaréis maravillados y maravilladas.
ya está, ya he logrado añadir una imagen!
Muchas gracias por los comentarios.
Muchas gracias por los comentarios.
Piratas del Caribe
Hasta hace un año, más o menos, pensaba que el mundo se dividía en 2 clases de personas: las que tomaban cola-cao y las que tomaban Neskwik. Yo soy de las primeras.
Ahora, con la madurez, veo que hay divisiones mucho más sutiles e importantes si cabe. Dentro de mi generación, distingo entre los Inteligentes y los Románticos. Los primeros, estudiaron una ingeniería o, mejor aún, FP (Formación Profesional) Ahora tienen trabajos con sueldos aceptables. Los Románticos en cambio (y románticos aquí es un eufemismo de Ingenuos) estudiaron una larga carrera universitaria de letras o humanidades. Estos, trabajan ahora en videoclubes, supermercados o Mc Donnalds pensando que sólo es un bache (de unos años) y que en un futuro encontrarán algo “de lo suyo” si es que esos puestos existieron alguna vez. Yo pertenezco a esta segunda categoría.
Empecé siendo superheroina para compaginarlo con los estudios. Podía ir a las clases por la mañana y salvar gatitos por la tarde. Con el tiempo, he pasado de impedir que los niños se electrocuten con los enchufes a salvar el mundo con cierta regularidad, pero mi precaria situación laboral no ha mejorado. Naturalmente, al principio yo quería ser una súper-villana totalmente maligna. Hay muchos motivos que convierten a “las malas” en la mejor opción:
1) El negro adelgaza. Es mucho más elegante y sofisticado que los trajes de colorines horteras que además, reconozcámoslo, recuerdan a aquellos horripilantes chándal de tactel con brillantes colores (que en algún momento de nuestra infancia nos gustó llevar) Puag!!
2) Ser maligna es muy molon. Te codeas con los supermalignos que no viven en cuevas ni bases ocultas sino que tienen jet privados y te invitan a fiestas de muchimillonarios. Se codean con los grandes empresarios y te regalan diamantes. Tienes siempre armas sofisticadas y visten trajes elegantes de los mejores diseñadores. En general es así, al menos los malos que merecen la pena.
3) Son más glamourosas. Las villanas tienen siempre un aire a lo Marlene Dietrich y guardan un amor inconfesable hacia algún apuesto Héroe al que, si pudiesen, se cargarías de todas formas. Son mujeres fatales. Las malas de toda la vida siempre han sido activas, inteligentes, mujeres de armas tomar que urden planes increíblemente ingeniosos. Ejemplos clásicos: la sirenita era un poco lerda pero Ursula era la caña. La bella narcoléptica espera que la salve el príncipe pero Maléfica, mucho más resolutiva, urde un plan increíble, dirige su propio negocio, su castillo con mano dura, lleva un traje alucinante y se conserva estupendamente. Las supuestas heroínas eran damiselas en apuros que adoptaban papeles pasivos, mientras que sus antagonistas eran inteligentes y no se cortaban un pelo en hacer lo que les diera la gana. Y lo hacían muy requetebién.
4) Libertad de movimientos. Los buenos siempre tienen traumas: que si mataron a mi tío Ben por mi culpa, que si de pequeña perdí a mis padres, que si soy ciego…Y para colmo entre lo de respetar la ley, respetar la vida humana o alienígena y ser vegetarianos no pueden hacer nada los pobres. Como villana, no temes a los “efectos colaterales” de tu maldad, vives sin demasiados escrúpulos y luchas por la libertad ( como los piratas del Caribe). Además no eres una sosa atormentada sino alguien con mucho sentido del humor.
Total, que esta claro, ¿no? Pues no. Porque resulta que para ser un Malo, tienes que hacer unas oposiciones chunguísimas y tener ya algunos posibles. O un puñetero FP, porque dicen que sales más preparado para el mundo laboral que un estudiantillo de mierda con carpetas y carpetas de apuntes…Si eres una pringada cómo yo, te queda sólo el sufrido camino del Héroe. Y aquí me hallo, agotada totalmente de mantener la línea para entrar en el traje y de salvar el universo un día si y otro también. Para colmo, cómo no tengo coche ni carné de conducir pierdo muchísimo tiempo yendo y viniendo…
Ahora, con la madurez, veo que hay divisiones mucho más sutiles e importantes si cabe. Dentro de mi generación, distingo entre los Inteligentes y los Románticos. Los primeros, estudiaron una ingeniería o, mejor aún, FP (Formación Profesional) Ahora tienen trabajos con sueldos aceptables. Los Románticos en cambio (y románticos aquí es un eufemismo de Ingenuos) estudiaron una larga carrera universitaria de letras o humanidades. Estos, trabajan ahora en videoclubes, supermercados o Mc Donnalds pensando que sólo es un bache (de unos años) y que en un futuro encontrarán algo “de lo suyo” si es que esos puestos existieron alguna vez. Yo pertenezco a esta segunda categoría.
Empecé siendo superheroina para compaginarlo con los estudios. Podía ir a las clases por la mañana y salvar gatitos por la tarde. Con el tiempo, he pasado de impedir que los niños se electrocuten con los enchufes a salvar el mundo con cierta regularidad, pero mi precaria situación laboral no ha mejorado. Naturalmente, al principio yo quería ser una súper-villana totalmente maligna. Hay muchos motivos que convierten a “las malas” en la mejor opción:
1) El negro adelgaza. Es mucho más elegante y sofisticado que los trajes de colorines horteras que además, reconozcámoslo, recuerdan a aquellos horripilantes chándal de tactel con brillantes colores (que en algún momento de nuestra infancia nos gustó llevar) Puag!!
2) Ser maligna es muy molon. Te codeas con los supermalignos que no viven en cuevas ni bases ocultas sino que tienen jet privados y te invitan a fiestas de muchimillonarios. Se codean con los grandes empresarios y te regalan diamantes. Tienes siempre armas sofisticadas y visten trajes elegantes de los mejores diseñadores. En general es así, al menos los malos que merecen la pena.
3) Son más glamourosas. Las villanas tienen siempre un aire a lo Marlene Dietrich y guardan un amor inconfesable hacia algún apuesto Héroe al que, si pudiesen, se cargarías de todas formas. Son mujeres fatales. Las malas de toda la vida siempre han sido activas, inteligentes, mujeres de armas tomar que urden planes increíblemente ingeniosos. Ejemplos clásicos: la sirenita era un poco lerda pero Ursula era la caña. La bella narcoléptica espera que la salve el príncipe pero Maléfica, mucho más resolutiva, urde un plan increíble, dirige su propio negocio, su castillo con mano dura, lleva un traje alucinante y se conserva estupendamente. Las supuestas heroínas eran damiselas en apuros que adoptaban papeles pasivos, mientras que sus antagonistas eran inteligentes y no se cortaban un pelo en hacer lo que les diera la gana. Y lo hacían muy requetebién.
4) Libertad de movimientos. Los buenos siempre tienen traumas: que si mataron a mi tío Ben por mi culpa, que si de pequeña perdí a mis padres, que si soy ciego…Y para colmo entre lo de respetar la ley, respetar la vida humana o alienígena y ser vegetarianos no pueden hacer nada los pobres. Como villana, no temes a los “efectos colaterales” de tu maldad, vives sin demasiados escrúpulos y luchas por la libertad ( como los piratas del Caribe). Además no eres una sosa atormentada sino alguien con mucho sentido del humor.
Total, que esta claro, ¿no? Pues no. Porque resulta que para ser un Malo, tienes que hacer unas oposiciones chunguísimas y tener ya algunos posibles. O un puñetero FP, porque dicen que sales más preparado para el mundo laboral que un estudiantillo de mierda con carpetas y carpetas de apuntes…Si eres una pringada cómo yo, te queda sólo el sufrido camino del Héroe. Y aquí me hallo, agotada totalmente de mantener la línea para entrar en el traje y de salvar el universo un día si y otro también. Para colmo, cómo no tengo coche ni carné de conducir pierdo muchísimo tiempo yendo y viniendo…
viernes, 15 de junio de 2007
Mi primera entrada. Titulo elegido en un alarde de originalidad e ingenio...
Que emoción, qué emoción...
Ya tengo un blog. Ya soy oficialmente una bloguera!!
Ya hace algo así cómo un año que empecé a cotillear las vidas de los demás en sus propios minimundos, y desde entonces, he pensado muchas veces hacerme yo también un blog. Pero cómo muchos de mis propósitos, se quedaba siempre en un leve poso de lo que pudo haber sido. Como cuando me digo que voy a ir al gimnasio, que voy a pintar o que la próxima película que vea lo haré en versión original.
Pero ayer, el poso se juntó con otros posos y frustrada, harta de no hacer nunca nada de lo que me propongo, hoy me he levantado plena de buenas intenciones. El poso ha crecido durante la noche y se ha convertido en una hermosa pelotilla, demasiado grande para ser ignorada. Y aunque hoy no veré ninguna peli en ingles, siento que he cumplido conmigo misma.
El caso es que actualmente estoy buscando piso y en el plazo máximo de un mes habré dejado el nido familiar. Me pareció, al pensarlo, que era el comienzo de una nueva etapa, y creí que sería entretenido empezar un blog desde mi recién estrenado cubil. Al menos, para desahogar las tensiones de la convivencia... Pero esta mañana, de forma espontanea me lo he planteado cómo si fuera una alta ejecutiva de televisión, "Y si en lugar de emitir sólo el reality, publicamos también los castings?"
Y en menos de 5 minutos me ha plantado aquí. Además...¿y si alguien lee mi blog y, casualmente, conoce a una amiga de la prima de su novio que en este preciso instante busca inquilinos para un (precioso y baratísimo) piso en el Centro?? podría pasar... ¿no?
Lo que me planteo ahora es obvio. Y si nadie lee mi blog? es decir... ¿qué hay que hacer ahora? no se si decírselo a la gente que me conoce porque eso impediría ponerles verdes aquí o hablar de mis intimidades... o quizás debería hacerle publicidad en otros blogs... de gente que ni conozco y a la que probablemente le importe un pepino mi blog. O debería comentar en medio de cualquier conversación algo cómo " ... y dices que comiste ayer macarrones? pues yo ayer estuve leyendo el blog de una tarada que está bastante bien..." Tengo dudas. No se si funcionaría.
Bueno, hasta aquí llega el comienzo. Seguiré informándo (o informándome, según valla la cosa)
Ahora voy a investigar las posibilidades del blog.
Ya tengo un blog. Ya soy oficialmente una bloguera!!
Ya hace algo así cómo un año que empecé a cotillear las vidas de los demás en sus propios minimundos, y desde entonces, he pensado muchas veces hacerme yo también un blog. Pero cómo muchos de mis propósitos, se quedaba siempre en un leve poso de lo que pudo haber sido. Como cuando me digo que voy a ir al gimnasio, que voy a pintar o que la próxima película que vea lo haré en versión original.
Pero ayer, el poso se juntó con otros posos y frustrada, harta de no hacer nunca nada de lo que me propongo, hoy me he levantado plena de buenas intenciones. El poso ha crecido durante la noche y se ha convertido en una hermosa pelotilla, demasiado grande para ser ignorada. Y aunque hoy no veré ninguna peli en ingles, siento que he cumplido conmigo misma.
El caso es que actualmente estoy buscando piso y en el plazo máximo de un mes habré dejado el nido familiar. Me pareció, al pensarlo, que era el comienzo de una nueva etapa, y creí que sería entretenido empezar un blog desde mi recién estrenado cubil. Al menos, para desahogar las tensiones de la convivencia... Pero esta mañana, de forma espontanea me lo he planteado cómo si fuera una alta ejecutiva de televisión, "Y si en lugar de emitir sólo el reality, publicamos también los castings?"
Y en menos de 5 minutos me ha plantado aquí. Además...¿y si alguien lee mi blog y, casualmente, conoce a una amiga de la prima de su novio que en este preciso instante busca inquilinos para un (precioso y baratísimo) piso en el Centro?? podría pasar... ¿no?
Lo que me planteo ahora es obvio. Y si nadie lee mi blog? es decir... ¿qué hay que hacer ahora? no se si decírselo a la gente que me conoce porque eso impediría ponerles verdes aquí o hablar de mis intimidades... o quizás debería hacerle publicidad en otros blogs... de gente que ni conozco y a la que probablemente le importe un pepino mi blog. O debería comentar en medio de cualquier conversación algo cómo " ... y dices que comiste ayer macarrones? pues yo ayer estuve leyendo el blog de una tarada que está bastante bien..." Tengo dudas. No se si funcionaría.
Bueno, hasta aquí llega el comienzo. Seguiré informándo (o informándome, según valla la cosa)
Ahora voy a investigar las posibilidades del blog.
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